Renacimiento y restauración: El viaje de Pinin Brambilla con "La Última Cena"
La restauradora que devolvió la vida al emblemático mural de Da Vinci
En el corazón de Milán, la historia de "La Última Cena" de Leonardo da Vinci cobró un nuevo significado gracias al trabajo incansable de Pinin Brambilla, una destacada experta en la conservación de frescos renacentistas.
«Cuando la vi por primera vez, no podía creer el estado en el que se encontraba la obra. No podías ver la pintura original, estaba completamente cubierta por yeso y más pintura.»
Pinin Brambilla, fallecida en 2020, se enfrentó a este desafío en 1977, asumiendo la compleja tarea de restaurar la obra maestra que había sido encargada hace más de 500 años por el duque de Milán, Ludovico Sforza.
Un mural en peligro
Al tratarse de un mural de 4,5 metros de altura situado en el refectorio del monasterio de Santa Maria delle Grazie, "La Última Cena" había sido objeto de múltiples intentos de restauración, todos ellos infructuosos. La obra había comenzado a deteriorarse casi inmediatamente después de haber sido completada.
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La lucha por la autenticidad
Brambilla apuntó que, desde su finalización en 1498, "seis restauradores habían modificado la fisionomía, las características y las expresiones de los apóstoles". Estas alteraciones habían transformado a Mateo en un hombre mayor y desdibujado la esencia de Cristo.
"Buscamos recuperar el carácter de cada individuo. Y eso fue muy emocionante", recordó Brambilla.
La técnica de Da Vinci y su error
El mural, que capta el momento en el que Jesús revela que uno de los apóstoles lo traicionará, se deterioró en gran medida debido a la técnica experimental que utilizó Da Vinci. En lugar de la tradicional pintura al fresco, optó por trabajar con témpera sobre yeso seco, lo que resultó en una unión poco duradera.
Walter Isaacson, en su libro sobre Da Vinci, resalta que "solo 20 años después de su culminación, la pintura empezó a descascararse". La calidad de la obra empeoró tanto que, para 1652, los monjes hicieron una puerta en el muro, cortando los pies de Jesús.
Un trabajo meticuloso
La restauración implicó sellar inicialmente la sala para evitar que el polvo la dañara, y la instalación de andamios que facilitaran el acceso al mural. Con cuidado minucioso, Brambilla y su equipo realizaron pequeñas perforaciones para insertar cámaras, evaluando las múltiples capas de pintura que cubrían la obra original.
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Una dedicación sin límites
Brambilla se sumergió completamente en su labor, descuidando incluso su vida personal. "Pasaba mucho tiempo lejos de mi familia. A veces trabajaba los fines de semana. Mi marido llegó a decirme que debería descansar", confesó. Sin embargo, su obsesión por el mural la impulsaba a seguir adelante.
Finalmente, en 1999, después de más de 20 años, Brambilla completó la restauración. El resultado fue sorprendente: "Las caras de los apóstoles ahora parecían participar genuinamente del drama del momento", expresó.
A pesar de la satisfacción por el trabajo realizado, Brambilla compartió su tristeza al concluir la restauración: "Por cada obra que restauro, una parte se queda conmigo. Distanciarme siempre es difícil”.

