La Justicia Argentina y el Juego Infinito de Competencia Judicial
Una vez más, el sistema judicial argentino se encuentra enredado en un laberinto de competencias que poco avanza en la resolución de casos significativos, como la controvertida compra de una propiedad relacionada con la AFA. Un dilema que parece no tener fin.
El caso que rodea al tesorero de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se ha convertido en un ejemplo claro de ineficiencia judicial.
Recientemente, los jueces Mariano Borinsky y Diego Barroetaveña de la Cámara de Casación decidieron aceptar un recurso interpuesto por quienes son acusados de actuar como testaferros de Pablo Toviggino, desencadenando un nuevo debate sobre qué tribunal debe hacerse cargo de la investigación. Este enfrentamiento legal ha llevado a convocar una audiencia para el 12 de agosto, donde se decidirá si el caso permanece en el fuero penal económico o se transfiere al juez federal de Campana, Adrián González Charvay, como pretenden los involucrados.
Así, tras repetidos planteos procesales, el sistema sigue atrapado en discusiones sobre competencia, mientras la sustancia del caso queda en segundo plano.
Los expedientes sobre este escándalo se mueven entre juzgados sin que se advierta que la dilación puede ser una forma de impunidad.
Mientras transcurren las semanas, se observa que los expedientes continúan su recorrido entre tribunales sin que la opinión pública reconozca que el paso del tiempo puede convertirse en sinónimo de impunidad. O, incluso, que ese podría ser el propósito oculto.
Toda sociedad moderna concede a los jueces el derecho a dirimir conflictos de competencia. Sin embargo, lo que ninguna democracia debería tolerar es que esta discusión se interponga y eclipse la investigación de los hechos en sí. Porque la función de la Justicia es investigar los eventos, no distracciones sobre quién debe llevar a cabo esa investigación.
Cuando el proceso de decidir quién debe investigar se prolonga más que las primeras medidas de prueba, la justicia pierde su esencia y se convierte en un símbolo de ineficacia. O, lo que resulta más alarmante, en un indicio de complicidad inaceptable.
Una Justicia que pasa más tiempo debatiendo sus propias competencias que en la investigación, enfrenta un dilema de prioridades y, posiblemente, un ente más profundo relacionado con la corrupción.
En Argentina, se ha instaurado una curiosa categoría procesal: la investigación de la investigación. Este ciclo solo tiende a favorecer la impunidad de quienes deberían ser responsables. Mientras tanto, la verdad sigue retrasándose, la credibilidad del sistema judicial se desvanece y la integridad de nuestra República se encuentra en riesgo.

