De coches flotantes al Atlántico: El último sueño de mi padre

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Aventuras en el Océano: El Viaje Épico de dos Amigos en Coches Flotantes

Descubre la increíble y conmovedora historia de Marco Amoretti y Marco De Candia, quienes se lanzaron a la aventura de cruzar el Atlántico sobre dos coches adaptados para navegar.

Inicios de una Aventura Única

El 17 de agosto de 1999, un petrolero en el Atlántico se topó con una visión extraordinaria: un Volkswagen Passat y un Ford Taunus a la deriva, con dos jóvenes italianos a bordo. Marco Amoretti, de 23 años, y Marco De Candia, de 21, habían comenzado su travesía desde La Palma, Islas Canarias, casi cuatro meses atrás.

“El capitán nos preguntó sobre el tipo de embarcación que teníamos, y no sabíamos qué decir”, recuerda Amoretti con una sonrisa.

La Inspiración Detrás de la Travesía

La ambición de cruzar el Atlántico en auto nació del sueño de Giorgio Amoretti, el padre de Marco. Un aventurero y fotoperiodista, Giorgio había realizado hazañas asombrosas, como cruzar el Sáhara en un paracaídas. Con su diagnóstico de cáncer en noviembre de 1998, sus hijos decidieron hacer realidad su último deseo.

“Era un personaje de cuento. Ver a mi padre trabajar en su sueño fue mágico”, explica Marco.

Preparativos para el Gran Viaje

Giorgio, conocido por sus ideas revolucionarias, había adaptado un coche de segunda mano para que pudiera navegar. Innovador, pensó en cruzar el océano para concienciar sobre la remuneración a madres que se quedaban en casa. Marco y sus hermanos transformaron los vehículos con quillas metálicas y mástiles, trabajando en secreto para cumplir el sueño de su padre.

En mayo de 1999, tras lanzar sus coches al mar desde La Palma, los hermanos se adentraron en aguas abiertas. Lo que comenzó como una travesía esperanzadora pronto se convirtió en un desafío. Durante los primeros 11 días, su viaje se tornó caótico: a la deriva y mareados, Fabio y Mauro fueron rescatados en helicóptero.

Una Resiliencia a Prueba de Tempestades

Sin embargo, Marco y Marco continuaron su viaje, enfrentándose al constante vaivén del mar. Adaptándose a la vida marina, empezaron a barrer los fuertes vientos y a reparar las cuerdas de sus vehículos. La soledad del océano comenzó a forjar una conexión profunda entre ellos.

“Después del segundo mes, el mar se volvió nuestro aliado. Entramos en una dimensión diferente, parte de un vasto mundo azul”, afirma De Candia.

El Despertar de un Sueño

Con el tiempo, los «autonautas» hacían reparaciones, pescaban y practicaban técnicas de supervivencia que aprendieron de Giorgio. Su espíritu aventurero los llevó incluso a pescar plancton usando medias de mujer. Sin embargo, un avistamiento cercano de un tiburón alteró su rutina y la necesidad de permanecer alerta se convirtió en una prioridad.

Mientras la angustia aumentaba en Italia por su paradero, Amoretti disfrutaba de una extraña calma al quedar sin comunicación después de que se rompió su teléfono satelital. En medio de la tormenta datos emocionales se entrelazaban con la desesperación y el consuelo de la naturaleza.

La Llegada a Martinica

Tras 119 días en el mar, el 31 de agosto de 1999, finalmente tocaron tierra en Tartane, Martinica, donde una multitud los recibió. “Ver otros humanos tras meses a la deriva fue un shock. Habíamos cambiado y nos sentíamos como extraterrestres”, recuerda De Candia.

Marco Amoretti regresó a Italia luego de la travesía, y aunque esperaban navegar hasta Nueva York, este sueño se desvaneció. Adaptarse a la vida normal resultó ser complicado, pero siempre llevarán en el corazón esta experiencia vital.

La historia de los «autonautas» es un testimonio de la determinación, la familia y el espíritu indomable ante la adversidad. Años después, sigue resonando como un símbolo de la búsqueda de la libertad y el espíritu aventurero que vive en todos nosotros.