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Amor por el Chocolate: Un Viaje Delicioso

El Viejo Oso: Tradición Familiar y Chocolates Artesanales en La Lucila

En el corazón de La Lucila, un pequeño pueblo de Vicente López, se encuentra "El Viejo Oso", un emblema de la tradición chocolatera argentina, famoso por sus exquisitas trufas y más de tres décadas de historia.

El aroma a cacao despierta los sentidos antes de cruzar las puertas de esta encantadora fábrica, un lugar venerado por los amantes del chocolate. Fundada por la familia Bär, «El Viejo Oso» es el resultado de un legado que comenzó en Alemania y que, tras varias peripecias, encontró su camino en Argentina.

Raíces Alemanas, Alas Argentinas

La historia de esta chocolatería comienza en Graben, una localidad alemana, donde el tatarabuelo de Catalina Bär dirigía una destilería. Su abuelo Hermann, con su innato amor por la pastelería, se trasladó a Argentina tras escapar de la persecución nazi. En 1939, llegó al puerto de Buenos Aires y, en pocos meses, logró reunir a su familia, comenzando una nueva vida donde el chocolate se convirtió en su pasión.

Hermann, el patriarca chocolatero en una confitería de Buenos Aires
Gentileza El Viejo Oso

Un Sueño Familiar que se Concretó

Después de trabajar en diferentes confiterías, Hermann dio inicio a su propio proyecto en 1943, alquilando un pequeño espacio para hacer mazapán. Rápidamente, su talento lo llevó a expandir su negocio, creando deliciosos chocolates y golosinas que deleitaron a los porteños.

La Generación Actual y la Evolución del Sabor

La segunda generación, con Claudio a la cabeza, decidió regresar a sus raíces alemanas para perfeccionar su arte. Junto a Mirian Schoenfeld, nació la especialización en trufas suaves y artesanales, un producto que rápidamente captó la atención de chefs renombrados como Gato Dumas, estableciendo relaciones comerciales con hoteles y restaurantes de prestigio.

Claudio y Mirian con sus hijos, llevando adelante el legado familiar
Gentileza El Viejo Oso

Desde La Lucila al Mundo del Chocolate

Instalándose en La Lucila, la familia se dedicó a traer delicias al barrio, abriendo tanto un taller de producción como un local para la venta directa. La encantadora estética de la marca, creada por Mirian, refleja su amor por el arte, y el nombre «El Viejo Oso» rinde homenaje a la figura paternal en la familia Bär.

Trufas: El Sello Distintivo

Las trufas se convirtieron rápidamente en el producto ícono de la casa, destacándose por su textura cremosa y sabores definidos. Desde su creación, la pasión de Claudio por experimentar y crear nuevas combinaciones de sabores le permitió ofrecer trufas innovadoras que han cautivado a clientes de todas las generaciones.

Exquisitas variedades de trufas que han conquistado a los paladares argentinos
Gentileza El Viejo Oso

Innovación y Tradición Cada Pascua

Hoy, en cada época de Pascuas, las vitrinas se desbordan de obras de arte en chocolate. Siguiendo la tradición familiar, Catalina continúa creando innovaciones, buscando siempre fusionar la maestría artesanal con el gusto contemporáneo. Su deseo es que el legado de su familia perdure y siga siendo un símbolo de amor y calidad en el mundo del chocolate.

El Futuro en Chocolate

Con una fiel clientela que se extiende por generaciones, «El Viejo Oso» no solo simboliza la dulzura del cacao, sino que también representa una herencia familiar rica en sabores. Catalina anhela transmitir esa pasión a su hija Shoshana, asegurando que la magia de la chocolatería continúe con fuerza en su familia.

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