El impacto de las pantallas en la salud mental de los adolescentes: un análisis crítico
La tragedia reciente en un colegio de Santa Fe ha reabierto un volcán de preguntas sobre la salud mental de jóvenes y el rol que juegan las redes sociales en sus vidas. ¿Cómo influyen las pantallas en la construcción de su identidad y en sus vínculos sociales?
Tras el trágico suceso en una escuela de Santa Fe, donde un adolescente provocó una tragedia al ingresar armado, se reaviva el debate sobre la salud mental de los jóvenes y el impacto de la tecnología en su desarrollo. Para profundizar sobre este tema, Crónica conversó con los licenciados Sebastián Núñez y Lucía Rodríguez, quienes compartieron sus perspectivas sobre cómo el uso de dispositivos digitales está transformando la psicología y la conducta social de los más vulnerables.
La ruptura de las experiencias compartidas
El licenciado Núñez sostiene que el fenómeno actual no es aislado, sino parte de un cambio cultural significativo. «Antes, las pantallas se utilizaban de manera colectiva; hoy son individuales», señala, ejemplificando la transición del cine en grupo a las visualizaciones solitarias en plataformas como TikTok. Este cambio ha alterado la forma en que interactuamos con los demás.
El dispositivo móvil, según Núñez, se ha convertido en una extensión del cuerpo humano, transformando nuestro pensamiento de manera similar a cómo lo hizo la escritura en su tiempo.
Violencia y dopamina: un ciclo peligroso
Uno de los aspectos más alarmantes del análisis de Núñez es cómo las plataformas digitales están diseñadas para atraer la atención mediante la recompensa de dopamina. «El contenido violento y de odio es, lamentablemente, el que más éxito tiene», advierte. Sin la capacidad de autorregularse, los adolescentes se exponen a un flujo constante de estímulos negativos que pueden llevar al aislamiento y a la desensibilización hacia la violencia.
La tecnología como refugio emocional
Núñez comparó el uso compulsivo del celular con las adicciones a sustancias. En su experiencia clínica, el móvil actúa como un mecanismo que alivia el sufrimiento cotidiano, pero el problema subyacente sigue presente. «Las pantallas permiten evadir la realidad, pero lo que no se enfrenta nunca se resuelve», enfatiza.
Responsabilidad familiar y guía en la crianza
Frente a situaciones que ponen en jaque la cohesión social, Núñez propone etapas rigurosas para el uso de pantallas en los menores: prohibición completa hasta los dos años, acceso gradual en la infancia y diálogo constante durante la adolescencia para manejar tanto el tiempo como el contenido. Esta interacción es clave para proteger a los jóvenes de riesgos como el grooming o la exposición a discursos extremistas.
Hiperconectividad y subjetividad en riesgo
La psicóloga Lucía Rodríguez destaca cómo la presión social por «pertenecer» a un entorno digital puede afectar gravemente la identidad de los niños. En un mundo donde las interacciones sociales dependen del uso constante de redes, las experiencias lúdicas tradicionales están quedando en el olvido. «El juego es esencial en la infancia, pero la pantalla está desplazando estas interacciones vitales», explica.
De juegos a «scroll» sin fin
Rodríguez observa una preocupante disminución en la capacidad de atención de los niños hacia juegos imaginativos. «En la consulta, muchos no pueden concentrarse en un juego, prefiriendo estar en entornos virtuales», indica. Hoy en día, salir a jugar no es una opción; la vida social se ha convertido en la interacción digital.
Desbordando el rol familiar
Ante la pregunta de cómo regular el uso de tecnología, Rodríguez reflexiona sobre la complejidad del contexto social. Las familias a menudo están abrumadas por diversas dificultades. «Es fácil criticar a los padres por no controlar el uso, pero muchos enfrentan problemas económicos que les impiden hacerlo», añade.
Repensar los valores en la era digital
La reflexión final de Rodríguez invita a considerar los valores que transmitimos en esta era de conexión constante. Aunque los dispositivos son parte de nuestra realidad social, no debemos olvidar la esencia de la infancia: el derecho al juego, a lo imaginativo y a un desarrollo que no esté únicamente dictado por algoritmos.
