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Cierra su bar ante ola de robos y violencia

En Rosario, el dueño de un bar decidió cerrar ante la ola delictiva que se vive, y porque en su negocio, apuñalaron en plena tarde a una mujer en el baño del lugar. Ocurrió en la plaza Montenegro, y significó el límite para el comerciante. El hombre decidió cerrar las puertas del local hasta tanto “la Municipalidad brinde una solución”. En tanto, se encargó de denunciar que está “cansado de enviar notas a las autoridades” con el objetivo de lograr vigilancia en una zona que, según los vecinos, “da miedo porque todos los días hay robos y heridos”. El concesionario del bar Avelino, que funciona al lado del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa (CCRF), se mostró muy disgustado. Eduardo César Bruera contó que “dos personas pidieron entrar al baño. Primero lo hizo una mujer conocida, pasada de droga, y después ingresó un hombre. Ambos estaban en el sanitario de damas cuando empezaron a los gritos y después salieron corriendo”. Azorado, Bruera relató que la mujer se fue “chorreando sangre por todo el negocio y espantando a todos los clientes”. El titular de la concesión se quejó a viva voz y dio más detalles sobre los numerosos hechos que se producen frente a su clientela. “Ya es normal (esta situación), se vienen a drogar adentro del baño, mis clientes tienen que presenciar eso y son amenazados para que se callen la boca. Acá vienen muchas mujeres mayores, pero se van espantadas. Incluso llegan grupos de deportistas, de chicos que, de repente, suelen encontrarse con gente adicta y desnuda en los baños”. Bruera dijo que recurrió gran cantidad de veces ante la Intendencia para denunciar, junto a los comerciantes de la zona, “los constantes arrebatos y las puñaladas que se producen en la zona”. Incluso, el concesionario dijo a LaCapital que está dispuesto a construir un ingreso a los sanitarios (que debe tener por obligación, según el pliego) desde afuera del local. No obstante, no consiguió una respuesta positiva. El hombre pretende evitar que los “violentos espanten a la clientela y roben o tiren la comida o bebida que la gente tiene en sus mesas”. “Ellos salen más rápido de lo que yo tardo en denunciarlos. Y después mis empleados son sorprendidos en la esquina cuando salen de trabajar. Al menos una vez por semana, uno de ellos resulta golpeado”, destacó con resignación. Alto porcentaje. El panorama también se presenta en el CCRF, donde el gasto en vigilancia y limpieza insume cerca del 70 por ciento del presupuesto con que cuenta la institución municipal. Increíblemente, se trata de espacios ligados al municipio: un centro cultural oficial y un bar concesionado. “Ni la policía ni la Guardia Urbana (GUM) han dado respuestas”, dijo Bruera. Entre diversos relatos a los que accedió este diario, se supo que hace un tiempo un dealer de drogas “vendía directamente en la zona de San Juan y San Martín”. Otro referente del lugar dijo que “durante meses escondían estupefacientes y otras cosas debajo de los maceteros que había en la plaza”. Luego, fueron reemplazados y retirados, situación que logró disminuir algunos episodios. Pero la zona está despoblada de noche y, desde que cerró la sucursal de Aguas Santafesinas (Assa), gran parte de los agresores regresó. Mientras tanto, Bruera sigue aguardando una solución: “Seguiré sin abrir y pienso continuar con el local cerrado hasta que la Municipalidad me dé una respuesta”.

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