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Baja 45 kilos para verse bien el día de su boda

Una novia estaba tan desesperado por lucir bien en las fotos de su boda que bajó 45 kilos a lo largo de su compromiso. La ex adicta a los snacks Sam McGinlay, de 28 años, cambió los rollos de tocino y las papas fritas por frutas y verduras, y comenzó un programa de ciclismo y un entrenamiento de alta intensidad después de que su novio Brian McGinlay le propuso matrimonio. En sólo 11 meses, la señora McGinlay se redujo tanto que tuvo que alterar su vestido de novia para bajarlo cuatro tallas. La mujer escocesa contó que “poco después de que Brian me propusiera casamiento, fui a una modista a probarme vestidos con mi madre, Barbara. Traté de fingir que estaba feliz de entrar en uno talla 20, pero la verdad es que me partió el corazón. Nunca me imaginé que iba a ser una novia gorda”. “Tenía pensamientos realmente horribles de que iba a parecer una ballena caminando hacia el altar, así que pasé de comer 3.500 calorías al día a una dieta más equilibrada, además de que empecé a hacer ejercicio con regularidad.” Sam tomó un trabajo de oficina principalmente sedentario cuando tenía 17 años y, después de un año de bocadillos de escritorio y poco ejercicio, su peso había aumentado de manera considerable. “Las papas fritas eran una de mis debilidades. Comí paquetes y paquetes, pero me decía a mí misma que no me estaba haciendo ningún daño”, relató. Ella conoció a Brian McGinlay, de 31 años, a través de amigos en común en el año 2000 y comenzaron a salir en 2005. “No me importaba el tamaño de Sam, era su personalidad lo que me atrajo”, dijo el flamante esposo. “Pero me daba cuenta de que no estaba contenta. Había veces que no podía soportar verla tan molesta”. Sam dijo que “nos miraban raro cuando estábamos juntos, porque Brian era muy delgado. Me parecían horribles las fotografías de vacaciones. Me daba vergüenza verme tan gorda en comparación con mis amigas”. El nacimiento del hijo de la pareja, Aiden, en diciembre de 2009, sacó la dieta de la señora McGinlay de su lista de prioridades. “Me dije que la lactancia materna significaba que no podía hacer dieta. Aiden era primero, y eso fue todo. Había perdido un poco de peso un año antes de dar a luz, pero cuando Aiden tenía tres meses de edad, ya había vuelto a mi peso habitual”. Pero cuando su novio le pidió matrimonio con un anillo de oro blanco y diamantes, y Sam supo que era momento de actuar. “Había intentado bajar de peso antes, pero ahora estaba decidida verdaderamente. Sabía que necesitaba el apoyo de otras personas, así que me uní a clases de ejercicios y a grupos de adelgazamiento”. “Empecé a disfrutar de ejercicios de alta intensidad como Metafit y Zumba. También andaba por lo menos dos horas y media a la semana en bicicleta”, agregó. Antes de su transformación, Sam se comía un rollo de tocino y café con crema en el desayuno, seguido de un sándwich de queso y mayonesa en el almuerzo, y para la cena, ingería enormes porciones de comidas como hamburguesas, pan y manteca. Los snacks a toda hora incluían papas fritas y dulces. La nueva señora McGinlay disfruta ahora de una taza de té con galletitas de agua y una banana para el desayuno, una feta de jamón, queso crema light y pan integral con un yogur para el almuerzo y un curry de grasa reducida (y porciones controladas) para la cena. Como aperitivo, normalmente come algunas uvas. Sam confesó ue “fue duro, pero mi profesora de Zumba, Carol, estaba sorprendida por mi progreso. Para la Navidad pasada había perdido 45 kilos en total”. La señora y el señor McGinlay se casaron el 3 de agosto pasado. Sam dijo que “ya ni siquiera reconozco a la persona en las fotografías viejas”. Fuente: http://www.dailymail.co.uk/health/article-2426564/Bride-Sam-McGinlay-loses-7st-11-months-wedding.html

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