El angustiante juicio de Agostina Páez en Ipanema: "Si voy a la cárcel, me mato"
En medio de la tensión y el miedo, Agostina Páez espera el veredicto de la Justicia brasileña, enfrentando cargos de injuria racial que podrían cambiar su vida para siempre.
Agostina Páez se encuentra en un bar del vibrante Ipanema, acompañada por su padre y sus abogados defensores, a la espera del inicio de un juicio que podría tener consecuencias devastadoras. «Si voy a la cárcel, me mato», asegura visiblemente angustiada en una charla con Clarín.
Un momento crítico para la influencer argentina
Su padre, Mariano, llegó anoche para brindarle apoyo, junto al abogado argentino Sebastián Robles y la abogada brasileña Marta Junqueira, quienes lideran su defensa legal en este proceso tan delicado.
Nervios y ansiedad mientras el juicio se acerca
Desde que se confirmó la fecha del juicio, Agostina confiesa estar «muy nerviosa». «No puedo dormir, la paso muy mal», admite la joven de 29 años, quien ha tenido que lidiar con un contexto personal complicado, criándose prácticamente con su hermana de 16 años tras la pérdida de su madre.
Un calvario en las calles de Río
La influencer reconoce que estos últimos meses han sido un verdadero calvario. «No puedo salir a la calle tranquila; tengo que ocultarme, vivir con miedo de ser reconocida», señala entre lágrimas, con el peso de la situación visible en su rostro.
Reconocimiento de errores y aprendizaje
Agostina entiende que se equivocó. «Sé que lo que hice está mal, pero hay un contexto detrás», afirma, mientras espera que la fiscalía se apiade y reduzca la pena que se le impone. Durante su confinamiento, ha estado estudiando sobre el racismo y su relevancia cultural en Brasil, lo que la ha llevado a reflexionar sobre la gravedad del tema. «Los argentinos que viajen aquí deberían comprender esta cuestión más allá de lo que dice la ley», aconseja.
El dolor del linchamiento mediático
Con un palpable arrepentimiento, Agostina expresa: «He pedido disculpas de todas las maneras posibles. Pero este linchamiento me está matando. Parece que quisieran que me mate», concluye, mientras se prepara para una audiencia que, según sus defensores, podría extenderse por horas.
Río de Janeiro. Enviado especial.
