Martín Pittaluga: El alma de La Huella frente a un mundo en transformación
En un rincón de José Ignacio, Martín Pittaluga, dueño del famoso restaurante La Huella, comparte su visión sobre los desafíos del crecimiento inmobiliario en la zona y reflexiona sobre su experiencia en el sector gastronómico.
Un inicio íntimo y poderoso
Algunas horas antes de abrir, La Huella presenta una imagen surrealista: el local despejado, solo el equipo ultimando detalles. Entre meditación y charlas previas, cada miembro se sumerge en su rol, ansioso por un intenso servicio. «Es una terapia grupal», comenta Martín, quien busca absorber inquietudes y aclarar dudas antes de la apertura.
Preocupaciones sobre el desarrollo local
Pittaluga expresa su preocupación ante el frenético crecimiento de barrios cerrados en José Ignacio, reflexionando sobre el impacto que tener demasiadas construcciones podría tener en la identidad del lugar. Aunque reconoce que el pueblo sigue conservando su encantadora esencia, siente que la rápida expansión podría amenazarla.
La voracidad del mercado
Como referente gastronómico, Martín se muestra indignado ante el aumento desmedido de precios en el casco histórico. «La especulación es alarmante», asegura. A pesar de que La Huella puede considerarse caro, subraya que no está destinado exclusivamente a un público elitista, enfatizando la importancia de mantener un espacio accesible.
La cultura del trabajo en equipo
La Huella opera con un equipo diverso de aproximadamente 200 empleados, a quienes se les valora no solo por su experiencia, sino por su pasión. «Nosotros entrenamos al personal inexperto; buscamos aquellos con ganas», afirma Martín. La comunidad de trabajo en La Huella es una parte fundamental de su éxito, donde el alojamiento y la comida están garantizados para el equipo en temporada alta.
Reflexiones sobre el éxito y el cambio
A lo largo de los años, Martín ha observado cómo el éxito ha afectado su enfoque y su temperamento. Reconoce que ha perdido parte de la ferocidad que lo llevó a construir La Huella, aunque su compromiso con el negocio permanece intacto. «Quizás el éxito adormece, pero nunca deja de ser emocionante ver nuestro restaurante lleno cada día», reflexiona.
Un futuro incierto pero esperanzador
A medida que mira hacia el futuro, Pittaluga comparte sus inquietudes respecto a la posibilidad de reubicar el restaurante debido a los conflictos con los vecinos. Sin embargo, también valora la oportunidad de seguir creando una experiencia única en un lugar que ha sido testigo de su crecimiento personal y profesional.
Una historia de suerte y esfuerzo
Más allá de su éxito, Martín reconoce la fortuna de haber inaugurado La Huella en el momento y lugar adecuados. «La suerte estuvo de nuestro lado, pero también la dedicación. Cada miembro del equipo aporta una alegría palpable que hace que todo valga la pena», concluye, dejando claro que La Huella es mucho más que un restaurante; es una historia viva de pasión, trabajo en equipo y resistencia.
