¿Hay un hijo favorito? La ciencia responde y te sorprende
Un análisis reciente expone la realidad del favoritismo parental, revelando su existencia en muchas familias y su impacto en la salud mental de los hijos. ¿Qué revelan los expertos sobre esta compleja dinámica familiar?
El favoritismo parental: un fenómeno real
La pregunta de si realmente existe un hijo o hija favorito ha sido objeto de estudio por años. Investigaciones llevadas a cabo tanto en Estados Unidos como en Europa han demostrado que el favoritismo parental no solo es real, sino que se presenta con más frecuencia de lo que muchos piensan. Un artículo del diario The New York Times nos invita a reflexionar sobre el impacto que esta preferencia puede tener en los hijos que no son elegidos como favoritos.
El estudio en España y Argentina
En Argentina, donde la lealtad a un equipo es casi religiosa, la situación no es diferente. Para entender cómo se vive esta preferencia en el contexto local, Clarín consultó a investigadores del Observatorio de Psicología de la UBA, quienes analizaron el impacto del favoritismo en la dinámica familiar.
Investigaciones primordiales
La socióloga J. Jill Suitor de la Universidad de Purdue, lideró un estudio que siguió a 500 familias durante varias décadas, revelando que aproximadamente dos tercios de los padres admiten preferir a uno de sus hijos. Este patrón tiende a ser constante a lo largo de los años.
Otro análisis significativo, publicado en la revista Psychological Bulletin, evaluó más de 30 estudios y cerca de 20,000 participantes, concluyendo que, en líneas generales, existe una ligera preferencia hacia las hijas, aunque los niños a menudo no sienten esta diferencia.
La influencia de los hermanos mayores
Los estudios también evidencian que los hermanos mayores suelen disfrutar de mayor autonomía y experimentan menos control por parte de sus padres. Curiosamente, los niños que demuestran rasgos como responsabilidad y amabilidad reciben más interacciones positivas.
La percepción y su impacto
Un aspecto crucial identificado por los estudios es que lo determinante no es solo si hay favoritismo, sino cómo lo perciben los hijos. Aquellos que sienten que han sido tratados de manera desigual tienden a experimentar mayores niveles de ansiedad, depresión y conflictos familiares a lo largo de su vida, desde la adolescencia hasta la adultez.
Entendiendo el favoritismo
Según Martín Etchevers, investigador de la UBA, en muchas familias hay un hijo que se percibe como favorito no necesariamente porque se le quiera más, sino porque facilita la conexión emocional. Por otro lado, el vínculo con el hijo que no es favorito puede ser más desafiante debido a diferencias de temperamento o necesidades particulares.
El peso de la culpa parental
La culpa por esta percepción de favoritismo generalmente no es consciente. Muchos padres la niegan, temiendo que admitirlo los haga parecer injustos. No obstante, es importante reconocer que la igualdad perfecta es un ideal difícil de alcanzar en la crianza real.
Celos y comparaciones
El sentimiento de celos entre hermanos puede surgir no solo por desear lo que el otro tiene, sino por percepciones de injusticia. Preguntas como «¿por qué a él le perdonan y a mí me castigan?» son comunes en este contexto y pueden afectar profundamente las relaciones familiares.
Las consecuencias del favoritismo en la adultez
Cuando estas diferencias de trato persisten sin una explicación adecuada, pueden llevar a pensamientos dañinos como «si no me tratan igual, es porque valgo menos». Esto puede resultar en una búsqueda constante de aprobación o una defensa emocional que afecta la calidad de las relaciones en la vida adulta.
La relación entre hermanos: una mezcla de lealtades y elecciones
La psicoanalista Fernanda Rivas señala que el «narcisizar» a un hijo es parte de la crianza natural, destinado a reforzar su autoestima. Sin embargo, las perturbaciones en esta función pueden dejar huellas en la psique infantil y adolescente.
Finalmente, es fundamental que los hermanos tengan la oportunidad de elegirse entre sí, más allá de las preferencias parentales, para desarrollar relaciones sanas y equilibradas.
