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Club de Rugby en Córdoba Prohíbe el Uso del Celular para Fomentar el Juego

¡Revolución en el Tala Rugby Club! Cómo un entrenador une deporte y educación

En el corazón de Córdoba, el Tala Rugby Club rompe moldes al adoptar un enfoque innovador que fusiona el deporte con el estudio y la gestión del tiempo digital. La estrategia, impulsada por el entrenador José Coppari, busca no solo mejorar el rendimiento deportivo de los jóvenes, sino también su desarrollo académico y personal.

En el Tala Rugby Club de Córdoba, el entrenador José Coppari ha lanzado una iniciativa vanguardista en la categoría M14. Con una fórmula sorprendente que integra deporte, estudio y una gestión equilibrada del uso del celular, se propone aumentar la participación de los jugadores. Este innovador enfoque pretende disminuir el tiempo de pantalla, potenciar el rendimiento escolar y promover un sentido de responsabilidad colectiva entre los jóvenes.

La idea surge tras la observación de una marcada disminución en la asistencia a los entrenamientos, especialmente los lunes. Al investigar el origen de esta situación, el cuerpo técnico decidió implementar un sistema que vincula la actividad deportiva con hábitos de estudio y un uso más saludable de la tecnología. “Hoy los clubes son una herramienta crucial. Los chicos tienen menos oportunidades de interactuar cara a cara, y el club se convierte en un espacio para relacionarse sin pantallas”, afirma Coppari.

Durante la investigación, los entrenadores se dieron cuenta de que los adolescentes dedicaban el doble de tiempo al uso del celular que al tiempo que requería el entrenamiento. “Si logramos reducir ese tiempo frente a la pantalla a la mitad, tendrán la oportunidad de entrenar y estudiar”, explicó el entrenador.

Control colectivo para un cambio positivo

Al principio, el control fue individual: los jugadores debían demostrar que habían reducido su tiempo de uso del celular para justificar cualquier ausencia por estudios. “Los chicos mostraban sus celulares en los entrenamientos de los miércoles, y los managers me reportaban los tiempos”, detalló Coppari.

Con el tiempo, se hizo evidente que las sanciones individuales no generaban el impacto deseado, por lo que la dinámica se transformó en un control colectivo. “Si el promedio de horas de uso del celular en la división superaba un límite acordado, las consecuencias eran para todos. Así, comenzó a surgir un sentido de control interno”, explicó el entrenador.

Este cambio trajo consigo un efecto inmediato. Los propios compañeros empezaron a advertir y corregir el uso excesivo que algunos hacían de sus dispositivos. “En grupos de WhatsApp intercambiaban mensajes como: ‘Te vi conectado hasta la una de la mañana en Instagram, baja el tiempo porque nos van a hacer correr a todos’”, relató Coppari.

Un enfoque integral: estudiar para jugar

Además de fomentarse la responsabilidad tecnológica, la propuesta incluye un fuerte énfasis en el rendimiento escolar. Aquellos jugadores que tengan más de dos materias pendientes quedan excluidos de las giras del equipo y quienes no demuestren un esfuerzo en la escuela podrían perderse los partidos del fin de semana. “No se trata solo de resultados académicos, sino de esfuerzo. Si hay compromiso, no hay problema”, aclaró.

Para apoyar a quienes enfrentan más dificultades académicas, el equipo ha organizado grupos de estudio, donde los mejores estudiantes ayudan a sus compañeros en un ambiente colaborativo.

La iniciativa también incluye actividades educativas durante los viajes, donde los celulares son retirados para fomentar la interacción. “Fomentamos juegos de cartas y conversaciones entre los chicos”, destacó el entrenador.

Más que deporte: formación integral

A lo largo del año, los jóvenes deberán cumplir con lecturas obligatorias, que se complementan con evaluaciones mensuales de comprensión. Más allá de los logros deportivos, Coppari sostiene que «el objetivo principal es utilizar el club como un ámbito de formación integral.»

El entrenador no busca demonizar la tecnología, sino encontrar un equilibrio que permita a los jóvenes disfrutar de sus beneficios. “La tecnología tiene un lugar en nuestras vidas, pero hay que aprender a gestionarla adecuadamente”, concluyó.

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