El famoso capuchino del Centro servido por un mozo con 35 años de experiencia

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Título: Descubre la historia detrás del famoso capuchino de Le Caravelle: un ícono porteño que conquista Instagram

Bajada: Con más de 60 años de tradición, Le Caravelle atrae a clientes de todas las edades con su emblemático capuchino y su encanto retro.

Entre la tradición y la novedad, Le Caravelles se gana a todoxs. Este café notable, con 64 años de historia, conserva intacta la estética de despacho al paso y el clásico trato de los mozos de antaño. Así, convoca tanto a clientes fieles que llegan con el diario bajo el brazo como a jóvenes y turistas ansiosos por retratar a su famoso capuchino.

La historia de Le Caravelle y su famoso capuchino

El “capuchino a la italiana”, destacado por la Legislatura porteña, es la estrella del lugar. Se sirve en una taza de loza que corona tres o cuatro centímetros de espuma de leche, espolvoreada con canela y cacao amargo. Prepararlo es todo un espectáculo a cargo de Ángel Soria, quien lleva 35 años detrás de la barra y ya es parte viva de este clásico porteño que no pasa de moda.

Este cafetín al paso sobrevivió a la pandemia y a las cafeterías de especialidad con sus nombres en inglés porque no vende humo. Vende una experiencia, conserva el espíritu de los cafés porteños con un producto que llama la atención de todas las generaciones.

El bar fue fundado en 1962 por la familia italiana Rocca, en una época en la que la calle Lavalle brillaba por su enorme caudal de gente: en apenas cuatro cuadras se amontonaban más de quince cines, además de restaurantes y bares. Gracias a ese bullicio constante, en sus años dorados Le Caravelle despachaba entre 3.000 y 5.000 cafés por día. Esa es la razón por la cual el salón nunca tuvo mesas; el café se tomaba -y se toma- al pie de la barra, de parado o sobre las banquetas. La rotación era incesante y las máquinas no descansaban jamás.

“Servíamos corto, tres cuartos y café. No había lágrima ni cortado…”, rememora Soria, al destacar el ritmo frenético de aquellos años. Con su impronta italiana de espuma de leche, café, cacao y canela, el gran ícono del local integraba la carta desde los inicios, aunque por entonces apenas se despachaban uno o dos por día.

Hubo épocas en las que la barra de fórmica compartía el humo del café con el brillo de los whiskies y los cócteles de otra era. Los tragos se apagaron con el tiempo, pero la taza de café resistió en pie, convirtiéndose en el último refugio de la memoria.

El 30 de diciembre de 2016 el bar cerró sus puertas y los empleados fueron indemnizados. Sin embargo, en menos de tres meses reabrió de la mano de nuevos dueños -clientes habitués que se negaron a dejar hundir el barco-, quienes volvieron a convocar a Soria ya que él es un emblema del lugar y conoce al detalle todos los puestos.

El fenómeno del capuchino viral -ese que hoy atrae a cientos de turistas ansiosos por llevarse un video de la espuma de leche creciendo sin fin- estalló en 2023, cuando un amigo le pidió que preparara uno mientras lo filmaba y fotografiaba. Las redes sociales hicieron el resto, impulsando la infusión por todo el mundo.

“No sabés lo que fue esto… No paraban de venir de todas partes: influencers, viajeros, periodistas extranjeros. Se llenó”, cuenta el cafetero con orgullo. Entre los miles de visitantes que pasaron desde entonces, recuerda especialmente a una chica que llegó desde Hong Kong y le mostró en la pantalla de su celular el autógrafo que él le había dejado a una amiga de ella en una visita a Argentina. “No podía creer que se hubieran pasado el dato y que ella todavía la conservara”, confiesa el empleado más longevo de Le Caravelle.

Instagram y la fotogenia de aquel capuchino fueron los motores de un éxito repentino que impulsó, tiempo después, la expansión a otros tres locales (dos en Puerto Madero y uno en el centro porteño) y una cocina central.

Cómo se hace el capuchino de Le Caravelle y con qué acompañarlo

Aunque el secreto jamás se revela del todo, Soria -con varias décadas de oficio- desliza que parte de la alquimia comienza con un detalle clave: la leche fría. Para lograr esa espuma densa y sostenida que soporta el peso de la canela y el cacao sin ceder ni un milímetro, jamás hay que hervirla. “Hay que usar leche fría y entender que cada paso lleva su tiempo. Se necesita tranquilidad y un toque de magia”, confiesa el maestro barista con una sonrisa pícara, heredera de los barmans de antes.

Ya sea entera, descremada o de almendras, con su pulso experto Soria logra transformar la leche en un colchón de aire que permanece intacto durante varios minutos. La taza de loza se llena de espuma hasta el borde antes de cubrirla con una capa de cacao amargo y otra de canela. Con un movimiento rápido y certero, Soria abre un pequeño surco en el centro: ese hueco marca el punto exacto donde caerá el café, un blend especial de granos brasileños. Al entrar en contacto con el líquido caliente y ligero, la espuma se eleva y desborda los límites del recipiente, coronando un capuchino famoso tanto por sus tres centímetros de altura como por un sabor que desafía el paso de los años ($ 6.500).

Para acompañar la infusión, los favoritos indiscutidos siguen siendo los de siempre: el clásico tostado de jamón y queso ($ 6.000, o en combo con capuchino, $ 12.000) y las medialunas con el mismo relleno ($ 3.500). Las sfogliatellas se convierten en el maridaje perfecto, un recordatorio de la vieja pastelería porteña que se funde con la memoria de la casa, donde tampoco faltan las facturas surtidas y las tortas.

Para disfrutar de la espumosa infusión sentado en las nuevas banquetas con respaldo, conviene evitar las horas pico. En los momentos de salida de oficinas y colegios el salón se colma de ese bullicio entrañable de barrio con clientes habitués que llegan y saludan a los empleados por su nombre. Aunque de pie, apoyando el codo en la barra de fórmica, el ritual del capuchino se disfruta con la misma emoción de ayer.

Le Caravelle: Lavalle 726. Abre de 7 a 19.30, de lunes a viernes y los sábados desde las 8. Instagram: @cafelecaravelle