La contundente postura de Javier Milei
¿Qué hacer frente a un Presidente que, ante una simple inquietud sobre el rumbo de la economía, aun cuando ese planteo se formule con buenas intenciones y en un ámbito privado, reacciona con una catarsis violenta? Es la pregunta que suelen hacerse las personas que acceden a la intimidad de la Quinta de Olivos para hablar mano a mano con Javier Milei. No hay forma de plantearle ya no un giro en el programa, sino un mínimo matiz sobre sus dogmas. Interlocutores prudentes se han marchado de la Residencia sin darle lugar a un debate sincero. Incluso así, uno de ellos comprobó, apenas pisó la calle y encendió su celular, que el primer mandatario continuaba la discusión por WhatsApp, con largos comentarios y estadísticas, como si no pudiera soltar el tema.
Milei en su mundo: obstinado e infranqueable
En su micromundo de Olivos, Milei luce igual que en público. Obcecado, gritón, infranqueable. No es propenso a escuchar críticas a su modelo, mucho menos ahora que siente que una ola de empresarios, economistas y outsiders -ayudados por los periodistas, claro- se unen para desgastar a su administración.