¿Semaglutida: La solución para la obesidad o solo un mito?
La semaglutida, popular por su fama como tratamiento para la pérdida de peso, tiene un trasfondo significativo en el mundo de la salud, empezando como una opción para la diabetes tipo 2. La nutricionista Mirtha Alegre nos brinda una visión profunda sobre su uso, beneficios y la necesidad de abordar su consumo con responsabilidad.
En poco tiempo, Ozempic se ha convertido en un referente en la medicina, gracias a su éxito en la pérdida de peso. Este fármaco, cuyo componente activo es la semaglutida, originalmente fue diseñado para tratar la diabetes tipo 2. A medida que aumentaba su popularidad, también surgían cuestionamientos sobre su correcto uso, impulsados por usuarios en redes sociales que compartieron sus experiencias de adelgazamiento.
Si bien Ozempic es ampliamente asociado a la reducción de peso, su principal función es el manejo de la diabetes tipo 2. Estudios recientes han confirmado que la semaglutida también es efectiva para combatir la obesidad, ya que actúa imitando la hormona GLP-1, la cual regula los niveles de glucosa, reduce el apetito y retrasa el vaciado gástrico, promoviendo así una sensación de saciedad prolongada.
Existen múltiples presentaciones de semaglutida y otros medicamentos similares, todos indicados para pacientes específicos bajo vigilancia médica. Mirtha Alegre destaca que este tratamiento debe ser considerado como una herramienta terapéutica, no como un remedio instantáneo para perder peso.
“Fue creado inicialmente para personas con diabetes y obesidad. Se observó que disminuía significativamente el apetito, lo que llevó a su uso en personas con obesidad. Sin embargo, no es un medicamento para perder solo cinco kilos; está destinado a una enfermedad compleja”, explicó Alegre.

Un enfoque integral hacia la obesidad
La obesidad es reconocida como una enfermedad crónica y multifacética, lo que demanda un tratamiento integral. Alegre enfatiza que el uso de semaglutida puede ser eficaz, pero nunca debe sustituir cambios en el estilo de vida. “Lo primero que hay que entender es que es solo una herramienta. Los pacientes deben utilizar este tiempo para mejorar su dieta, realizar actividad física y adoptar hábitos saludables, o de lo contrario, el problema regresará”, advirtió.
La semaglutida induce una considerable reducción en la ingesta alimentaria al reducir la sensación de hambre. Muchos pacientes logran perder entre un 15 y un 20 % de su peso corporal, aunque parte de esta pérdida puede incluir masa muscular si no se complementa con ejercicio físico.
La relevancia de la masa muscular
Una de las preocupaciones principales en el tratamiento de la obesidad es la potencial pérdida de masa muscular provocada por una rápida reducción de peso.
Alegre sugiere que quienes optan por este tratamiento deben incorporar ejercicios de fuerza y mantener una alimentación adecuada. “Es fundamental consumir suficiente proteína, entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso, involucrarse en entrenamiento de fuerza y asegurarse de estar bien hidratados. Si simplemente se reduce la ingesta, la pérdida de músculo puede llevar a problemas futuros”, puntualiza.
Una dieta equilibrada debe incluir fibra para fortalecer la salud intestinal, grasas saludables como ácidos grasos omega-3, y una hidratación adecuada con electrolitos para facilitar la digestión.

¿Quiénes son candidatos para usar Ozempic?
El tratamiento con semaglutida no está destinado a cualquier persona que quiera perder peso.
La nutricionista resalta que la decisión de iniciar el tratamiento debe ser tomada por un médico tras evaluar la condición general del paciente, la presencia de obesidad y otras patologías. “Cada caso requiere análisis. El médico verifica condiciones como la tiroides y el páncreas antes de recomendar el tratamiento. No todos son aptos”, afirmó.
Es importante destacar que en Argentina, estos medicamentos solo se distribuyen bajo receta médica y requieren controles regulares para ajustar las dosis adecuadamente.
Efectos adversos a considerar
Como cualquier tratamiento farmacológico, la semaglutida puede provocar efectos secundarios. Los más comunes incluyen náuseas, sensación de saciedad, molestias digestivas e intolerancia a ciertos alimentos, especialmente los que son altos en grasas o muy condimentados.
Alegre señala: “Dado que el vaciamiento gástrico se retrasa, los alimentos permanecen más tiempo en el estómago. Las comidas fritas o muy especiadas suelen causar más malestar”.
El reto tras el tratamiento
Un aspecto fundamental del tratamiento es lo que sucede cuando el paciente interrumpe el uso del medicamento. “Si no se implementaron hábitos saludables o no se fortaleció la masa muscular, hay un alto riesgo de recuperar el peso perdido”, expone Alegre.
“Una vez que cesa la medicación, el apetito regresa. Si no se realizó actividad física y se ha perdido masa muscular, el aumento de peso puede ser mayor y en forma de grasa. Por esto, es crucial utilizar el tratamiento para instaurar cambios de hábitos”, añade.

Información confiable y un acompañamiento profesional
El aumento en la demanda de Ozempic ha subrayado la necesidad de acceder a información científica y evitar la automedicación o el uso del medicamento con fines estéticos sin la respectiva evaluación médica.
A pesar de que la evidencia respalda el uso de semaglutida en pacientes con diabetes tipo 2 y obesidad bajo criterios específicos, los especialistas coinciden en que el tratamiento debe formar parte de una estrategia de salud integral.
“No hay soluciones mágicas para perder peso. Una alimentación saludable y actividad física son siempre necesarias, y ningún medicamento puede sustituir esos hábitos. El objetivo va más allá de simplemente bajar de peso: se trata de mejorar la salud y mantener esos cambios a largo plazo”, concluyó Mirtha Alegre.

