Un nuevo capítulo en la lucha de Susana Pintos: el caso de su hijo Mauro Ramírez cobra fuerza
La búsqueda de justicia por parte de Susana Pintos revive con un reciente fallo judicial que reabre el caso de su hijo, un soldado que falleció en circunstancias sospechosas hace más de dos décadas.
Desde hace más de veinte años, Susana Mónica Pintos se ha adentrado en el laberinto judicial tras la muerte de su hijo, Mauro José Francisco Ramírez. Aquel trágico 26 de junio de 2003, este joven de 22 años, soldado voluntario del Regimiento de Infantería de Monte 30 en Apóstoles, Misiones, fue alcanzado por un disparo de un fusil FAL durante un cambio de guardia. Desde el principio, Susana ha creído firmemente que no se trató de un suicidio, como concluyó la justicia provincial apenas tres meses después del incidente.
Una causa repleta de incógnitas
La madre de Mauro sostiene que su hijo había planeado un futuro brillante: estaba a punto de casarse, pensaba en alquilar un hogar y había llevado consigo cosas personales a su puesto de guardia. «¿Qué persona llena de proyectos decide acabar con su vida?», se pregunta entrevista tras entrevista.
Las pericias balísticas ofrecen un panorama confuso. Los informes indican que el disparo podría haberse realizado a más de 25 centímetros de distancia del cuerpo y con un ángulo descendente. La posibilidad de un accidente o incluso un homicidio sigue presente, aunque fue inicialmente desestimada por los investigadores.
Además, Susana denuncia una serie de irregularidades: la desaparición de cartas que su hijo habría escrito la noche anterior, la imposibilidad de reconocer el cuerpo y presiones policiales para que firmara documentos, así como restricciones en cuanto a la comunicación con otros soldados.
Los nuevos giros judiciales
Recientemente, un fallo de la Cámara Federal de Casación Penal reavivó el caso al ordenar la indagatoria de un suboficial y un soldado que hasta ahora solo habían declarado como testigos. El juez Alejandro Slokar señaló que existen razones suficientes para investigar el posible violencia institucional, tras observar conexidades entre el juez implicado, autoridades militares y policías que intervinieron los días posteriores al fallecimiento de Mauro.
El enfoque fue apoyado por el juez Carlos Mahiques, mientras que Diego Barroetaveña expresó su desacuerdo. Para Susana, esta decisión le ha devuelto una chispa de esperanza tras años llenos de incertidumbre. «No busco venganza. Solo deseo saber qué sucedió con mi hijo», repite con firmeza.
