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Sin Televisión en Casa: Creando Mis Propios Mundos

La Vida Sin Televisión: Un Viaje de Ausencias y Creaciones

En un entorno donde la televisión dominaba la infancia de muchos, una niña descubrió un mundo sin pantallas. Su experiencia se transforma en una reflexión sobre lo que significa crecer al margen del contenido visual.

Nací en un hogar donde la televisión estaba proscrita. Aunque pertenecíamos a una familia de clase media, mi padre era firme en su decisión: la tele era una “caja boba” que no iba a formar parte de nuestra vida. Esta elección, lejos de causar indiferencia, me generaba una profunda frustración.

La Ley Paterna y el Silencio del Hogar

En nuestro departamento de Colegiales, la voz de mi padre era ley. Ni mi madre ni mis hermanos cuestionaron su postura. Con el tiempo, reconozco cómo esta ausencia me marcó. Vivíamos en un ambiente donde el silencio predominaba. No se oían charlas animadas ni música constante; por el contrario, el sonido del ascensor resonaba en los pasillos oscuros del edificio.

Un Mundo de Imitaciones en el Patio Escolar

Mis primeros encuentros con los personajes de la televisión fueron indirectos. Durante los recreos, mis compañeros imitaban a la Mujer Maravilla y al impresionante Hulk, mientras yo me adaptaba a ser una “outsider”. Aunque no tenía acceso a la tele, comenzaba a reconocer en el patio las melodías de los jingles comerciales que resonaban en sus conversaciones.

La Muñeca que Intentó Llenar el Vacío

Para mi octavo cumpleaños, recibí un regalo que estuvo a punto de suplir mis carencias televidentes: una muñeca de la Mujer Maravilla. Aquella figura, idéntica a la de la serie, se convirtió en un tesoro emocional que intentó llenar el vacío de la televisión ausente. En el instante en que la recibí, la senté a mi lado para compartir la celebración.

Momentos de Televisión en Casa de Abuela

Sin embargo, la falta de televisión no era absoluta. Cada sábado, al visitar a mi abuela paterna, la pantalla se encendía. Su casa, donde la tele era bienvenida, se convertía en un refugio mágico. Mientras saboreaba los pastelitos de la confitería, me sumergía en el mundo televisivo y disfrutaba de la libertad que allí encontraba.

Descubriendo un Nuevo Mundo

Las visitas a otras casas me permitieron descifrar los programas populares entre mis compañeros. Comencé a seguir eventos deportivos y noticias que desde el aula eran objeto de discusión. Recuerdo momentos vívidos, como ver partidos de tenis de Vilas o noticias sobre la Guerra de Malvinas con amigos. La televisión, a pesar de su escasa presencia en mi vida, fue una ventana a la realidad colectiva.

Imaginación y Lectura: Mis Compañeros

En aquellos años, mi imaginación tomó formas diversas. Los juegos cobran vida en cuentos que más tarde escribí, inspirándome en la vida cotidiana y en los espacios que me rodeaban. Además, mi refugio eran los libros. La biblioteca del colegio se convirtió en un espacio clave para mi desarrollo literario, donde exploré inagotables historias y personajes.

El Encuentro con la Televisión Propia

A medida que crecía, las cosas cambiaron. La familia se desmoronaba y mi padre, aunque seguía despreciando la televisión, empezaba a mostrar interés. Finalmente, decidí comprar mi primer televisor, un modesto modelo de segunda mano. La instalación de aquel aparato trajo consigo una mezcla de sorpresa y aceptación en mi hogar.

Sumergiéndome en Nuevas Narrativas

Con el televisor a mi disposición, la curiosidad me llevó a descubrir el mundo de las telenovelas y los programas de entretenimiento. Cada historia me permitía explorar un universo nuevo, mientras comenzaba a escribir mis propios relatos como una forma de llenar las lagunas de mi infancia. Mi pasión por la escritura creció, alejándome de la cultura televisiva convencional.

Transformaciones y Evolución

Con el tiempo, los medios de comunicación evolucionaron, pero mi esencia de escritora se mantuvo inquebrantable. La temprana falta de televisión se transformó en una riqueza creativa, donde mis propias historias tomaron vida. La escritura se convirtió en mi herramienta para construir un mundo propio, un refugio donde podía habitar mis propias ficciones.

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