La Incertidumbre de ser Padres: Claves para Identificar Problemas de Salud en Nuestros Hijos
Conviértete en el mejor defensor de la salud de tus pequeños comprendiendo cómo actuar ante cualquier síntoma. Aquí te contamos cómo discernir cuándo es necesario visitar al médico.
Convertirse en padre es un viaje lleno de incertidumbres, incluso después del primer hijo. La vulnerabilidad de los pequeños, que son como «cachorritos», nos lleva a la constante pregunta: ¿estamos exagerando o es hora de consultar al médico?
Las dudas comunes de los padres inexpertos
La primera vez que notamos algo extraño en la salud de nuestro hijo, es común sentir una mezcla de temor y confusión. Recuerdo que en una consulta de emergencia nos reprocharon por llevar a nuestro hijo por una simple tos. «Es solo tos», nos dijeron con ironía, y nos quedamos con una mezcla de vergüenza y preocupación. Sin embargo, en otra ocasión, un médico se mostró sorprendido por los broncoespasmos que habíamos ignorado por considerar que eran simples síntomas leves.
La clave está en la observación y la intuición
La experiencia profesional en ciencias sociales puede complicar la percepción como padres. En varias ocasiones, nos encontramos en situaciones donde lo que parecía ser un simple carraspeo resultaba ser algo más serio. Por eso, la respuesta a la pregunta de cuándo consultar al médico no es siempre clara. La intuición, aunque a veces subestimada, puede ser un valioso aliado. A los tres años, nuestro hijo presentó un cuadro de conjuntivitis que, a pesar de las recomendaciones iniciales, avanzó sin mejora. Cuando la fiebre apareció, decidimos buscar una segunda opinión que resultó ser crucial. Un oftalmólogo nos alertó sobre una celulitis ocular, una condición grave que puede comprometer la visión y hasta el cerebro.
La importancia de actuar a tiempo
En el camino de la paternidad, aceptar que podemos equivocarnos —ya sea por exceso o por defecto— es fundamental. Lo verdaderamente importante es aprender a actuar a tiempo. Si sientes que algo no está bien, no dudes en consultar a un especialista. Lo ideal es encontrar un equilibrio, sin caer en la paranoia, pero tampoco en la negación. Los buenos deseos no siempre son suficientes; la salud de nuestros hijos es una prioridad.
