Exclusión en Balcarce 50: Periodistas enfrentan censura en tiempos de crisis
Una inesperada prohibición de ingreso a conferencias de prensa ha puesto en alerta a la comunidad periodística. La histórica periodista Liliana Franco se convierte en el símbolo de una lucha por la libertad de expresión.
La entrada de Balcarce 50, sede del Gobierno argentino, se vio marcada por un insólito acontecimiento. Liliana Franco, con más de 30 años de trayectoria en la Sala de Periodistas, se encontró con un obstáculo imprevisto: su acceso a las conferencias de prensa fue prohibido. Aunque no se han aclarado los motivos, se sugiere que sus incisivas preguntas sobre el polémico espionaje ruso incomodaron a las autoridades del Ejecutivo.

Apoyo en redes: Natalia Volosin se pronuncia
La defensa de Franco no tardó en llegar. La abogada y periodista Natalia Volosin utilizó sus plataformas sociales para expresar su solidaridad: “Que su pesar sirva de ejemplo para generaciones futuras: adular al poder es no solo indigno, sino ineficaz”, afirmó.
Un golpe al corazón del periodismo
Para Franco, esta exclusión representa un duro golpe tanto personal como profesional. En un emotivo mensaje en Radio Rivadavia, recordó el papel fundamental de la prensa en el ascenso de Javier Milei. “¿Quién lo hizo conocido? El periodismo”, enfatizó, señalando la contradicción de un Gobierno que desdeña a aquellos cuya labor contribuyó a su notoriedad.
La trampa de la cercanía con el poder
El incidente con Franco plantea un dilema ético profundo sobre el vínculo entre los medios y el poder. Volosin destaca la falacia de que ser cercano a la autoridad puede otorgar inmunidad o privilegios informativos. El caso de Franco es una muestra clara de que, en la actualidad, el periodismo es considerado un recurso desechable: útil solo cuando sostiene el discurso oficial, pero incómodo cuando intenta ejercer su función de cuestionar.
Un retrato desgarrador del periodismo actual
La experiencia de Franco deja una amarga reflexión en el sector periodístico. Mientras ella vive el desdén tras tres décadas en la profesión, el eco de las palabras de Volosin resuenan en los corredores de la Casa Rosada: en un entorno donde prevalece la política del “todo o nada”, la obediencia incondicional no asegura acceso, y a menudo, solo conduce a la burla cuando las puertas se cierran.
