El Futuro del Crédito Hipotecario en Argentina: Desafíos y Alternativas
El panorama del crédito hipotecario en Argentina atraviesa un periodo complejo que afecta tanto a compradores como a inversores. Damián Tabakman, arquitecto y experto en finanzas, desglosa la situación actual y las opciones disponibles en este contexto.
Un escenario restrictivo para la financiación
Damián Tabakman, en una reciente entrevista con Canal E, destacó que la situación del crédito hipotecario en el país es bastante adversa. “El contexto de financiamiento está complicado”, afirmó, añadiendo que hasta el año pasado, la oferta era más accesible. Sin embargo, el freno en la financiación se ha hecho evidente desde finales de 2022, lo que ha impactado negativamente en el mercado de compraventa, principalmente en propiedades de segunda mano.
“Ahora, el acceso al crédito está casi exclusivamente limitado a propiedades usadas, dejando de lado muchas oportunidades en desarrollos inmobiliarios”, señaló Tabakman, subrayando una de las principales limitaciones que enfrenta el sector.
Inversión en proyectos de construcción: un desafío
La falta de crédito se siente especialmente en la compra de propiedades en construcción. “No hay financiamiento disponible para adquirir en pozo”, comentó, lo que representa un grave obstáculo para los potenciales inversores. Aunque se han realizado anuncios sobre nuevas iniciativas, la implementación sigue siendo escasa, limitando así el crecimiento del mercado.
Como resultado, quienes desean financiar una propiedad a largo plazo se ven obligados a optar por unidades terminadas, lo que acentúa la tensión entre la oferta y la demanda.
Soluciones a corto plazo: compra en cuotas
En este clima desafiante, el sector ha encontrado una solución parcial. “La opción actual es comprar en cuotas mientras se lleva a cabo el proceso constructivo”, explicó Tabakman. Este método proporciona una vía de financiamiento, aunque con condiciones más rigurosas, como planes de pago que pueden extenderse de tres a cinco años, a diferencia de los tradicionales de 20 años.
Esta modalidad implica cuotas más elevadas y requiere un mayor esfuerzo de ahorro por parte del comprador. Tabakman también enfatizó que “para cuando se entrega la llave, la unidad generalmente debe estar mayoritariamente pagada”, lo que añade otra capa de dificultad para los posibles adquirentes.
El contraste con el pasado es notable: “Hace un año, bancos ofrecían créditos para viviendas usadas con plazos mucho más amplios”, recordó. Hoy, con menos opciones, el acceso a la vivienda se torna cada vez más dependiente del capital propio.
