miércoles, febrero 18, 2026
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Despedido tras 32 años en Fate: «No quiero ser un muerto social»

Tensión y Desempleo: La Cruda Realidad de los Trabajadores de Fate en San Fernando

Más de 900 familias enfrentan un futuro incierto tras el anuncio del cierre de la planta de neumáticos Fate en San Fernando, generando un ambiente de desolación y angustia entre los empleados.

Las puertas de la fábrica Fate en San Fernando se cierran para más de 900 trabajadores, sumiendo a sus familias en una profunda incertidumbre. La historia de Jorge Ayala, un empleado desde 1993, refleja la angustia que atraviesan quienes dedican su vida laboral a esta empresa emblemática.

Un Cierre Impactante

He dedicado 32 años a esta empresa”, comenta Ayala, visiblemente conmocionado. “Es una sensación de bronca incontenible. He sacrificado tanto y ahora me encuentro en esta situación”. Ayala rememora los años difíciles de los ‘90, donde la industria enfrentó retos severos, y critica abiertamente a la dirección de la empresa. “Es inadmisible que un empresario como Madanes, dueño de un gran holding, declare que no puede sostener a los trabajadores por vender menos cubiertas”, añade.

Su frustración se hace evidente al señalar cómo quienes han contribuido al éxito de la empresa ahora enfrentan la posibilidad de quedar en la calle. “No se puede tratar así a quienes han trabajado arduamente para construir esa riqueza”, explica Ayala, incapaz de contener su desánimo.

Despedidos y sin Oportunidades

Ayala también menciona la dificultad de reintegrarse al ámbito laboral a su edad: “Tengo 32 años en la fábrica y estoy por cumplir 55. ¿Dónde encontraré trabajo ahora? Pensaba que iba a jubilarme aquí”, se lamenta. La inseguridad económica y laboral pesa sobre sus hombros, y expresa con firmeza: “No quiero ser un muerto social”.

Críticas a las Autoridades

El trabajador no escatima en críticas hacia la gestión actual. “Estamos sufriendo industricidio”, afirma, argumentando que los trabajadores no pueden ser los únicos que sufran las consecuencias de las decisiones empresariales y gubernamentales. “Si hay que discutir impuestos o importaciones, los trabajadores no deberían cargar con el peso de estos cambios”, concluye, reafirmando la urgencia de un diálogo que priorice la protección laboral.

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