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Proyecto de cuidado del agua con escuelas de Tucumán

“El hecho de que estos organismos vivan en el río hace la diferencia fundamental con una muestra química puntual, ya que los animales nos dicen qué pasa y qué pasó en el pasado inmediato -días o semanas- en el agua. La ventaja principal es que los insectos actúan como “centinelas” porque están siempre en el lugar, y pueden mostrar si hay eventos puntuales de contaminación”, explica Carlos Molineri, investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Biodiversidad Neotropical (IBN, CONICET- UNT). El científico, junto a Daniel Dos Santos, investigador asistente del CONICET en el mismo instituto y la bióloga Celina Reynaga trabajan en un proyecto educativo para registrar y monitorear los insectos de ríos y arroyos cercanos a la localidad tucumana de Raco con el objetivo de crear conciencia en la comunidad sobre la importancia de cuidar los recursos hídricos. La iniciativa es una acción conjunta entre el IBN, la asociación civil ’Hermanos de la Tierra‘ y el Voluntariado Universitario de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Participan 13 escuelas primarias del noroeste de la provincia en zonas de piedemonte y media montaña. Los investigadores capacitan a los docentes con herramientas prácticas para que realicen actividades de educación ambiental con sus alumnos, especialmente monitoreando especies vegetales y animales que actúan como indicadores biológicos de la contaminación del agua. Reynaga aclara que antes de las salidas a ríos y arroyos los niños reciben un mínimo entrenamiento para saber cómo buscar los insectos acuáticos que pertenecen a cuatro grupos fácilmente observables: patudos (megalópteros), plecópteros, tricópteros y élmidos. Los recolectan con un colador de malla fina y luego los cuentan y clasifican con una cartilla diseñada por los especialistas que guía al niño en la observación de organismos. “El trabajo se hace directamente en campo, se sacan los insectos y se calcula un índice muy simple en el que se otorga un punto por cada uno de estos organismos que aparezca. De acuerdo a ese valor se obtiene una idea del estado ecológico del río. Si aparecen los cuatro grupos, está en excelente estado y si no hay ninguno está muy contaminado. Estas actividades simples se hacen con fines educativos y también científicos porque hacemos monitoreo”, explica Molineri. Asimismo destacan que los chicos, los padres y la comunidad educativa suelen involucrarse activamente con el proyecto y generalmente advierten que las causas de la contaminación son cuestiones solucionables. Para combatirlas, en la escuela están ideando, entre otras actividades, un método para purificar las aguas con plantas acuáticas que con sus raíces interceptan al agua que drena por las acequias antes de su descarga en el río. Insípida, incolora e inodora, el agua es mucho más que dos átomos de hidrógeno unidos a uno de oxígeno: es esencial para el desarrollo de la vida y si bien cubre el 70 por ciento de la superficie terrestre, se puede acceder tan sólo al 1 por ciento del agua dulce porque el resto se encuentra mayormente en el mar y en los polos. Es un recurso muy limitado por lo que debe ser cuidada y usada racionalmente. Para determinar su calidad usualmente se recurre a parámetros fisicoquímicos como concentración de oxígeno disuelto, olor, turbidez y pH entre otros. Sin embargo, cada vez más se emplea como método el estudio de indicadores biológicos como el análisis de las comunidades de insectos acuáticos que brindan señales sobre el estado ambiental de los ríos. Esta alternativa presenta grandes ventajas como la facilidad para recolectar las muestras y su bajo costo, entre otros. Del río a la lupa Además del trabajo educativo asesorando a la comunidad para cuidar la calidad del agua, los investigadores realizan estudios de taxonomía, filogenia y biogeografía de invertebrados acuáticos.

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