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¿Cómo disfrazarse de pirata?

La figura del pirata ha sido y continúa siendo fuente de imaginación, entretenimiento y diversión para todo tipo de personas, sobre todo para los más pequeños. Protagonistas de innumerables novelas, películas y series animadas, estos personajes siguen llenando de aventuras y fantasía el imaginario popular, como se puede comprobar año tras año en cualquier fiesta de disfraces que se precie, en las que nunca faltarán un buen grupo de piratas para animar el evento

El disfraz de pirata tal vez sea uno de esos atuendos que nunca faltan en cualquier evento donde el cambio de roles y los disfraces son los protagonistas. Siempre hay una tienda de piratas cerca donde adquirir uno de estos trajes. Aunque también, a día de hoy, hay muchas tiendas online dedicadas a la venta de este tipo de productos para el ocio, como esta tienda de piratas, que destaca sobre las demás porque tiene un estilo natural y creíble de lo que debería ser un auténtico pirata.

Un disfraz de piratas clásico

Para poder distinguirse en las fiestas y eventos de disfraces como unos auténticos piratas, estas son las prendas que se deberán utilizar.

Las camisas

El disfraz de pirata estará compuesto por una camisa blanca, de manga larga y ancha, si además cuenta con un cuello de volantes, mucho mejor. Cuanto más desgastada y rota, más se acercará a la imagen clásica del pirata desaliñado y poco cuidado tan característica. Si es vieja, no se temerá cortarla a jirones para aparentar más esa estética harapienta tan habitual en los dueños de los siete mares.

Los pantalones

Los pantalones, de media pierna o 3/4 y anchos, las faldas, siempre que sean anchas y largas, mejor de color negro. Una vez más, cuanto más viejas, rotas y desgastadas estén las prendas, mejor. Este desgaste no debe llegar a confundirse con la vestimenta de, por ejemplo, un zombi, los piratas siempre guardan un criterio estético y hay que respetarlo.

Los detalles y complementos

Es en los detalles donde realmente aparece la estética pirata. Los complementos como el cinturón, con grandes hebillas doradas, colocado por encima de la barriga, o, en su defecto, una gran cinta, pañuelo o bufanda, a modo de correa alrededor de la cintura, ya ofrecerá una visión más cercana al temido pirata.

Por supuesto, no puede faltar el pañuelo rojo atado a la cabeza, si incluye la calavera con espadas atravesadas, el efecto será mucho mayor. Tampoco han de faltar el parche en el ojo, un chaleco corto, collares diversos, tiras con cuerdas atadas al cabello, argollas, pulseras… Y, en definitiva, todos aquellos elementos que el más famoso de los piratas del cine, Jack Sparrow, ha incorporado al atuendo pirata.

Pero, ¿quiénes eran realmente los piratas?

Para disfrazarse de pirata, también hay que conocer quiénes eran y qué hacían en realidad, pues un disfraz no estará nunca completo si no se actúa como tal, si no se interpreta el papel del personaje del que se va disfrazado. Y, para ello, lógicamente, hay que conocer un poco cómo eran.

Para empezar, hay que saber diferenciar entre tres tipos de “bandoleros de las aguas”, ya que se acostumbra a poner a todos bajo la misma etiqueta de piratas. Y es que, aunque actuaban básicamente realizando las mismas acciones, sus objetivos eran diferentes.

El pirata

Los verdaderos piratas eran marinos cuya vida estaba dedicada al abordaje de barcos, indiferentemente a su carga, con el objetivo único y exclusivo de robar cualquier cosa que después se pudiera vender en los puertos. Sus tesoros cubrían desde el oro y la plata hasta el propio buque, los esclavos y pasajeros, la utilería, las piezas de artillería… Su fama de sanguinarios se debía a la dureza con la que trataban, tanto a los captores como a su propia tripulación, para que esta no se revelara al pasar tantos días en mar abierto. El más popular fue el temido Barbanegra.

El corsario

Este tipo de pirata recibía una paga de un país determinado, que le otorgaba el llamado “Patente de Corso”, una licencia legal que le daba el derecho a actuar como pirata contra los barcos enemigos del país. El corsario musulmán Barbarroja aterrorizaba de esta manera a los enemigos de su tierra.

El bucanero

Estos cazadores preparaban carne ahumada para venderla a los barcos, pero no despreciaban una buena oportunidad para ejercer de pirata si la ocasión lo permitía, el barco a asaltar era débil y el asalto fácil. Solían aprovisionarse de las viandas que encontraban en los navíos asaltados, siendo sus tesoros el ganado, las telas, los barriles de vino, etc. El bucanero Morgan llegó a unificar bajo su mando nada menos que a dos mil piratas y a tener 40 barcos bajo su bandera.

El filibustero

Este era un tipo de pirata tradicional, pero que solo actuaba en los territorios del mar de las Antillas, limitándose a atacar a los barcos que comerciaban con las primeras colonias españolas. Siempre se mantenían cerca de la costa, que le servía de refugio y vía de escape, atacando también, si era necesario, las pequeñas poblaciones que se asentaban en las costas. William Walker y Narciso López son dos buenos ejemplos.

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