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La historia del remisero que dejó todo para fundar su propio pueblo

La historia del remisero que dejó todo para fundar su propio pueblo

La historia del remisero que dejó todo para fundar su propio pueblo

Extraído del diario Clarín El sueño comienza a adoptar figuras palpables. Se vislumbra el molde de un proyecto que hasta no hace mucho parecía estancado. El pueblo enterrado en el olvido que un soñador intenta revivir muestra los primeros relieves que asumen formas de ladrillos apilados al costado de un terreno, alguna callecita mejorada y unos postes de luz, todavía tumbados. Pero que representan, literalmente, la posibilidad de iluminar esta fantasía que viaja como el salmón, en contra de la corriente. Villa San Alberto es apenas poco más que un campo orégano en medio de la llanura bonaerense, pero quiere ser un pueblo. Nacer casi de la nada, ahí pegadito al kilómetro 114 de la ruta 7, en San Andres de Giles. No es una etapa próspera para renacimientos. Justo cuando en la provincia hay 200 localidades chicas, con mínima población que están a punto de desaparecer. Pero eso no desalienta a Loris Giazzon (47), el hombre que un día se entusiasmó con un lote, vendió todo para no dejar rastros en el conurbano hostil y con su familia se decidió a construir una nueva vida cerca del campo. Cuando fue a firmar las escrituras de la propiedad se encontró con que había comprado un pueblo fantasma. Un diagrama dibujado sobre planos amarillentos, que hace más de medio siglo algún intendente con aspiraciones de progreso decidió diseñar a 10 kilómetros de la ciudad cabecera. A Giazzon, ex remisero del Gran Buenos Aires extremo; ex artesano fabricante de cuchillos criollos y ex trotamundos se le cruzó una porfía. ¿Por qué no seguir la idea que tuvieron en 1943 y refundar San Alberto?. Pero en el siglo XXI y con 100 familias, chicos en las calles, las puertas abiertas, la bicicleta sin candado y las ventanas despojadas de rejas?, se le ocurrió a Loris. Y embarcó en esta aventura a su esposa, Vanesa Capeletti y a sus hijos Camila (13) y Santino (10). San Alberto tiene nombre propio, pero pocas propiedades. Son 10 manzanas, todas loteadas y una de ellas tiene destino determinado: allí debe levantarse la plaza del pueblo. Está escrito y esa sentencia se cumplirá. Una capilla, una escuela rural y no mucho más para contar. San Alberto aparece en los digestos municipales como una de las 8 localidades del partido. Es una existencia sólo administrativa. Por ahora, porque ya comienza a tener contorno de población. Giazzon contó su obsesión a Clarín hace 10 meses y entonces el proyecto tomó un impulso inesperado. La reacción se puede dimensionar en formato virtual, con una avalancha de visitas a la página web y en la red social, donde hubo 40 mil contactos en pocas semanas. Entrevistas, notas, documentales y más likes en Facebook potenciaron el despegue. Y también el empuje institucional: contactos con el municipio de San Andrés de Giles, visitas a la Gobernación de La Plata y decenas de gestiones de interesados del sector público y privado. La construcción de la doble mano sobre la ruta 7 ayuda. La Autovía tendrá una colectora para ingresar en Villa San Alberto. Pero no alcanza. Los 12 primeros adelantados que llegados de la cabecera de partido y también del área metropolitana siguen con la construcción de viviendas. Ahora ya son casi una veintena los que proyectan obras. Igual, el camino resulta escarpado. Es que la iniciativa tiene aspiraciones elevadas. Lo más importante es la iluminación. Abarata los costos de construcción y cualquier pueblo requiere alumbrado público para encender su vida, explicó Giazzon. Ese fue el primer objetivo. Y hace 40 días llegaron los postes para cubrir las luminarias de las 10 manzanas de Villa San Alberto. La compañía de energía EDEN, distribuidora en la zona descargó los postes y presentó los planos. El gobierno de la Provincia puso los más de 4 millones de pesos que requiere el tendido y a Loris le prometieron que en 40 días estará erguido el primer palo que detrás de otros, en hilera, recorrerán la vía pública de San Alberto. Persistente, casi obsesivo, el artesano que nunca

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