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Cómo será la nueva era de la transparencia

Hasta hace poco tiempo atrás, vivíamos en un mundo en el que las instituciones eran opacas y operaban secretamente, afirma Don Tapscott –autor y profesor adjunto de la Rotman School of Management en la Universidad de Toronto, entrevistado por Clay Shirky en la revista estadounidense, The Atlantic-.

Con la llegada de internet y las nuevas tecnologías, eso ya no será posible. Comienza una nueva era, la era de la transparencia, que tendrá implicancias políticas y sociales que diversos filósofos y analistas alrededor del mundo comienzan a intentar desentrañar.

“La ciudadanía reclama transparencia a sus representantes y estos prometen leyes que los obliguen a practicar sin tapujos esa transparencia que les reclaman”, escribió Nicanor Tishler Barán en el portal de la consultora política española, Cecubo. Sin ir más lejos, hace casi 2 meses el escándalo de los Panamá Papers demostró que ya no será fácil en esta nueva era esconder dinero negro.

En 2013, Edward Snowden había puesto al mundo de cabeza filtrando información clasificada que revelaba detalles de los programas de vigilancia electrónica de los gobiernos británico y estadounidense. Para Sean P. Larkin, de la revista estadounidense Foreign Affairs, los estados, tanto los fuertes como los parias, continuarán violando las normas en pos de sus intereses, solo que en la era de la transparencia deberán hacerlo a plena luz del día y ya no en las sombras.

Las empresas tampoco escaparán a los efectos de la nueva era de la transparencia, que modificará la manera en que nos comunicamos y trabajamos. Mantener una idea en secreto es cada día más difícil, por lo que “para colaborar de manera efectiva, las compañías y sus socios no tienen otra opción más que compartir conocimiento íntimo”, afirmó Tapscott en The Atlantic.

“En un mundo de comunicaciones instantáneas, soplones, medios inquisitivos y el Googleo, los ciudadanos y sus comunidades ponen rutinariamente a las compañías bajo el microscopio.”

Las relaciones internacionales en la nueva era

Hace mucho tiempo que la transparencia es una commodity que escasea en las relaciones internacionales, escribió Sean P. Larkin en la revista Foreign Affairs.

Pero hoy, las nuevas tecnologías están forjando una nueva era de transparencia en materia de asuntos internacionales que algunas décadas hubiese sido impensable. Gobiernos, periodistas y Organizaciones No Gubernamentales, hoy acceden a una masa de información inédita, a partir de satélites, drones, smartphones y computadoras.

Estas herramientas han servido ya para revelar actividades secretas en áreas disputadas como Siria, Ucrania y el Mar del Sur de China. Las atrocidades de la guerra, así como la hipocresía de los políticos, están a la luz, afirma Larkin. En la década que viene, el boom de los sensores de vigilancia y análisis de datos traerá un nivel sin precedentes de transparencia a los asuntos de relaciones internacionales.

Los satélites comerciales captarán imágenes de todo el globo, ofreciendo reportes baratos y automatizados sobre un rango de temas que van desde campos de cultivo hasta actividad militar. Como resultado, a los Gobiernos les resultará difícil adoptar estrategias que requieran del secreto o violen normas internacionales.

El boom de los satélites

Los satélites de observación de la Tierra han sido una potente fuente de transparencia desde hace 40 años, brindando datos sobre la degradación ambiental, mostrando el impacto de los desastres naturales y evidencias de fosas comunes y facilidades nucleares ocultas, explica Larkin en Foreign Affairs.

Desde el año 2000, están disponibles comercialmente satélites de alta resolución, que permiten detectar autos aunque no personas. En 2015, los reguladores norteamericanos aprobaron la venta de satélites de aún mayor resolución, la suficiente como para poder ver objetos de medio metro de longitud desde 400 millas de distancia.

Se espera que el mercado global de imágenes satelitales crezca de US$ 2.500 millones en 2014 a US$ 6.500 millones en 2023. Para 2021, probablemente habrá 600 satélites de imágenes comerciales, y los clientes tendrán la posibilidad de observar cualquier hecho alrededor del mundo de manera instantánea y muy barata.

Florecerá la industria del análisis de datos, ya que la cantidad de información recibida por los satélites será inmanejable por un ser humano, por lo que se recurrirá a la inteligencia artificial. Así se podrá, por ejemplo, determinar la salud de los campos de maíz para tomar decisiones lucrativas a partir de predicciones.

Drones

Los drones son otra tecnología que crece y son un gran instrumento de vigilancia. Los satélites toman fotografías de grandes áreas mientras vuelan pero los drones, en cambio, pueden con sus sensores proveer primeros planos al estilo paparazzi de sus objetivos.

El año pasado en Estados Unidos, por hobby o por negocio, se adquirieron cerca de 1 millón de drones, y la Administración Federal de Aviación autorizó a alrededor de 3.000 compañías a usar vehículos aéreos no tripulados comercialmente. Se proyecta que este mercado se triplicará en una década. Algunos ejemplos de su uso:

> En 2015, un regimiento voluntario pro-Ucrania usó imágenes de un dron para exponer una gran base rusa instalada en territorio ucraniano, para demostrar a las audiencias occidentales de la intervención directa y continuada de Moscú en el conflicto ucraniano.

> Tras los terremotos devastadores en Nepal en abril y mayo del año pasado, se utilizaron drones para crear mapas detallados y modelos 3D del daño, lo que ayudó a mitigar los efectos del desastre y optimizar los esfuerzos de reconstrucción.

> En 2013, un blogger británico llamado Eliot Higgins analizó laboriosamente videos de YouTube para determinar qué tipo de cohetes había utilizado Siria en sus ataques mortíferos con gas contra civiles en dos suburbios de Damasco. El material fue utilizado luego por Human Rights Watch, que incluyó los detalles de sus hallazgos en su reporte de la investigación, que determinó que el Gobierno sirio era responsable de haber atacado con gas a su población.

¿El fin del espionaje?

Hace años ya que las tecnologías existentes vienen complicando la vida a cualquiera que quiera mantenerse en el anonimato.

En 2010, por ejemplo, autoridades de Dubai utilizaron material de video y records de tarjetas de crédito para identificar rápidamente a un grupo de operativos israelís que habían matado al líder de Hamas, Mahmoud al-Mabhouh, en su cuarto de hotel.

Desde ese entonces, los avances en las tecnologías biométricas han creado obstáculos adicionales para los agentes secretos. El software de reconocimiento facial ha sido integrado a varios sistemas de seguridad: algunos casinos ahora usan la tecnología para identificar a clientes importantes.

Tales sistemas de vigilancia ayudarán en los esfuerzos anti-terrorismo, pero también complicarán a los estados el uso de espías secretos o saboteadores anónimos. Los estados verán también complicada su capacidad de actuar en el ciberespacio de manera anónima. En 2013, una unidad militar cibernética china fue expuesta por una compañía privada como la responsable del robo de inmensa cantidad de información del Gobierno norteamericano.

Crítico de la sociedad de la transparencia

Byung-Chul Han es un filósofo surcoreano de habla alemana que estudió a fondo las implicancias que tiene la nueva era de la transparencia y plasmó su pensamiento en el libro “La sociedad de la transparencia”.

“Ningún otro lema domina hoy tanto el discurso público como la transparencia –escribe al comienzo del libro-. Esta se reclama de manera efusiva, sobre todo en relación con la libertad de información. La omnipresente exigencia de transparencia, que aumenta hasta convertirla en un fetiche y totalizarla, se remonta a un cambio de paradigma que no puede reducirse al ámbito de la política y la economía. (…) Quien refiere la transparencia tan solo a la corrupción y a la libertad de información desconoce su envergadura. La transparencia es una coacción sistémica que se apodera de todos los sucesos sociales y los somete a un profundo cambio.”

Han desmitifica algunas ideas ampliamente extendidas:

> Por un lado, no cree que la era de la transparencia mejorará la práctica política. Muy por el contrario, para el filósofo la transparencia es intrínsecamente antitética de la política. Lorena Cano, quien analiza el libro de Han desde el Portal Comunicación, del Instituto de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona, explica que para Han, la era de la transparencia supone una nueva etapa política, la “postpolítica”, ya que en la política como la conocemos, es imposible la transparencia porque se trata de estrategias secretas. “La política es una acción estratégica. Y, por esta razón, es propia de ella una esfera secreta –escribe Han en el libro-. Una transparencia total la paraliza.”

> Han identifica a la sociedad de la transparencia como la sociedad de la información, donde todos recibimos una cantidad de información por día mayor que nunca antes. Pero esto no quiere decir, advierte, que por eso tomemos mejores decisiones. “Transparencia y verdad no son idénticas”, escribió Han en el libro. “Está demostrado que más información no conduce de manera necesaria a mejores decisiones. La intuición, por ejemplo, va más allá de la información disponible y sigue su propia lógica. Hoy se atrofia la facultad superior de juzgar a causa de la creciente y pululante masa de información”, argumenta el filósofo.

> Otro mito desterrado por Han: que la sociedad de la transparencia producirá mayor confianza. Bien por el contrario, en lugar de producir confianza, la transparencia la deshace. “La exigencia de transparencia se hace oír precisamente cuando ya no hay ninguna confianza. En una sociedad que descansa en la confianza no surge ninguna exigencia penetrante de transparencia. La sociedad de la transparencia es una sociedad de la desconfianza y de la sospecha, que, a causa de la desaparición de la confianza, se apoya en el control”, escribió.

> Por último, Han relaciona la sociedad de la transparencia con la pornografía, “ya que ésta exige un desnudamiento sin límites eliminando todo tipo de significación y sentido”, explica Cano del Portal Comunicación. “Se reduce a la exposición, a los hechos. Se elimina la fantasía, la imaginación. (…) La transparencia conlleva la exposición de la intimidad, la confesión, el desnudamiento y la falta de distanciamiento. Está habitada por sujetos narcisistas, centrados en el ‘yo’, pues se han eliminado los signos rituales y ceremoniales que harían que el sujeto se evadiese de sí mismo.”

Fuente http://www.urgente24.com/253071-como-sera-la-nueva-era-de-la-transparencia

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