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Cristina Kirchner gastó 2,5 millones de euros en perlas

Una gargantilla de 647 diamantes firmada por Boehmer & Bassenge llevó a María Antonieta de Francia directa a la guillotina.

Doscientos veintiún años después, otro «asunto del collar» podría arrastrar a Cristina Fernández de Kirchner hacia la decapitación política en una investigación por supuesto enriquecimiento ilícito, blanqueo de capitales e incumplimiento de sus deberes de funcionario público.

Eso sí, Kirchner, coronada por sus detractores como «reina Cristina», se inclina más por las discretas perlas de Carmen Polo que por los estridentes brillantes de «la austríaca».

Sergio Hovaghimian, exrepresentante de Jean-Pierre, la joyería más elegante de Buenos Aires, ha revelado que la mandataria argentina se gasta hasta un millón de dólares anuales (850.000 euros) en gargantillas de perlas «South Sea» («de los Mares del Sur»), que se distinguen por su gran tamaño y su variedad de matices y colores.

La confesión de Hovaghimian a la revista «Noticias», en la que explica que la presidenta paga en dólares y «en negro», ha desatado un huracán mediático en Argentina.

La ONG Paso por Paso ya ha presentado una denuncia contra Kirchner utilizando el testimonio del «joyero K».

No es la primera vez que la lideresa peronista es acusada de corrupción. En los últimos años se han abierto tres causas penales contra ella por supuesto enriquecimiento ilícito, pero las tres han terminado archivadas.

«Esto es una forma de reabrir la investigación», dice el abogado Juan Ricardo Mussa, fundador de la ONG querellante. «Demuestra, además, que las declaraciones a Hacienda que ha presentado la mandataria son falsas, porque no se sabe de dónde ha sacado el dinero para comprar estas joyas», añade el letrado.

Joyas sin declarar
La «fiebre joyera» atribuida a la jefa de Estado, según ha explicado Hovaghimian a «Noticias», se habría desatado tras enviudar en 2010, cuando su esposo y antecesor en la Casa Rosada, Néstor Kirchner, murió de una crisis cardíaca fulminante.

Según el testigo, la presidenta no iba en persona a la joyería, ubicada en el acomodado barrio de Recoleta, sino que las elegía por catálogo y luego enviaba a una colaboradora de la Casa Rosada a retirarlas y a su jefe de Seguridad, Oscar Garín, a pagarlas. «Es muy buena pagadora», reconoce el joyero, aunque no ha declarado a Hacienda ninguna de las piezas que habría adquirido durante el «frenesí consumista» de su viudez.

Tampoco se sabe cómo habría obtenido semejante suma de dólares en solo cuatro años.

«Noticias», opositora al gobierno de Fernández, ha verificado los datos difundidos por el exrepresentante de la joyería donde compraba Kirchner con las fotografías hechas a la presidenta en distintos actos luciendo joyas y todo coincide: un collar de pirita, perlas y ónix valorado en 4.800 dólares (4.000 euros); uno de perlas grises «South Sea» con cierre de oro blanco y pavé de zafiros de más de 100.000 dólares (85.000 euros); uno de perlas blancas «South Sea» con cierre de oro 18 quilates y brillantes valorado en 120.000 dólares (100.000 euros); uno de perlas en dos gamas de dorados de 120.000 dólares (100.000 euros); otro de perlas grises y plateadas de 200.000 dólares (170.000 euros); y la lista continúa hasta alcanzar los 2,5 millones de euros.

En la entrevista, Hovaghimian ha asegurado, además, que en octubre de 2014 dos hombres entraron en su casa, lo golpearon, lo ataron, lo amenazaron con una pistola y le dijeron que no se metiera con Enrique Stad (propietario de Jean-Pierre)». «Ahora soy testigo protegido, no puedo salir de mi casa. Siguieron amenazándome por la calle. Es una pesadilla de todos los días. No quiero que me maten», admitió el testigo a la emisora de radio argentina Mitre.

Enrique Stad, dueño de la firma, dice que Hovaghimian miente, que la presidenta nunca ha comprado ninguna joya en su tienda y que las confesiones de su empleado son un chantaje.

Sin embargo, el propietario de la joyería no niega ni confirma si la mandataria enviaba a intermediarios para adquirir las valiosas piezas. «Tenemos clientes que compran estas joyas, pero no podemos saber para quién. Además, vengan en nombre de quien vengan, si me pagan se llevan la joya», remata Stad.
El armario de la discordia

La afición de Kirchner por los accesorios costosos no es una sorpresa para los argentinos. En los actos públicos suele mostrarse luciendo pendientes y anillos de oro y platino y relojes de marcas como Rolex y Bulgari. Utiliza sus joyas a diario, ya sea para presidir un acto en la Casa Rosada, atender a las víctimas de una catástrofe natural o visitar la Villa 31, la mayor chabola de la ciudad de Buenos Aires.

La mandataria siempre ha manifestado su predilección por los «curas villeros» (sacerdotes de chabolas), como le hizo saber al Papa Francisco en su primer visita al Vaticano, mientras adorna su rostro con un par de pendientes de 4.500 dólares.

Esas pasiones sartoriales suelen ser portada de la prensa local e internacional. En 2008 el «Corriere della Sera» publicó que la viuda de Néstor Kirchner aprovechó su visita a Roma con motivo de la cumbre sobre el hambre de la FAO para gastar 9.000 euros en unas sábanas de Pratesi, la firma italiana fetiche de Liz Taylor y Andy Warhol. Kirchner demandó al «Corriere» por difamación y ganó el juicio.

El «New York Post» publicó en 2011 que había desembolsado 80.000 euros en 20 pares de zapatos de Christian Louboutin durante un viaje oficial a Nueva York (su portavoz lo desmintió), aunque el mayor escándalo fashion lo protagonizó en 2012, cuando eligió un broche de Tiffany & Co. de 12.000 dólares inspirado en la cruz maltesa para defender la soberanía argentina de las islas Malvinas ante la ONU.

Algunos vieron la elección como un terrible paso en falso: Kirchner lucía una Cruz de Malta –orden dirigida por el británico Frey Mathew Festing– para reclamar las Falkland Islands.

A golpe de «faux-pas», «The Guardian» colocó hace unos años a la jefa de Estado en el ránking de «los diez líderes más fashion», un raro honor que compartió con el entonces presidente francés Nicolas Sarkozy, el exmandatario ruso Mijaíl Gorbachov y el difunto Hugo Chávez.

Para el periódico inglés, Kirchner es parte de los dirigentes que encarnan el «bling político»: una expresión utilizada para denominar a quienes ostentan riqueza en su forma de vestir. Esta vez, el brillo de unos collares de perlas podría opacar el futuro de la mujer más poderosa de Argentina.

Fuente: http://www.abc.es/estilo/gente/20150112/abci-cristina-kirchner-joyas-201501091949.html

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