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¿Qué es la excitación psicomotriz?

Un médico psiquiatra explica las posibles causas de este trastorno. El consumo de drogas y el estigma de las enfermedades mentales

Florencia O´Keeffe. – Celeste Cid, la actriz que brilló en “Para vestir santos” y ha sido convocada por Pol-Ka para protagonizar una nueva ficción junto a Gonzalo Heredia, se encuentra internada desde el lunes en una clínica porteña por recomendación de su médico ya que el domingo por la noche sufrió “excitación psicomotriz”. Así lo informa la revista Paparazzi en su última edición. ¿Qué le pasa a la joven? ¿Con qué está relacionado este cuadro? ¿Tiene relación con sus antecedentes de anorexia y consumo de sustancias? El médico psiquiatra Lucas Raspall, del multiespacio Anima, habló con La Capital.com.ar sobre los trastornos emocionales, el estigma de la enfermedad mental y los riesgos ocultos del consumo de marihuana y cocaína. Un tema sensible y complejo para charlar en familia.

 

_ ¿Qué se entiende por excitación psicomotriz?
_ En términos sencillos puede definirse como un comportamiento verbal y/o motor aumentado, excesivo. Es frecuente encontrar verborragia, inquietud motora, hiperactividad, impulsividad e irritabilidad, llegando incluso a estados que saben progresar hacia la agresividad, sea verbal o física, hacia terceros o incluso hacia uno mismo. En otras ocasiones, las emociones que acompañan el cuadro pueden tomar otros tonos, como la ansiedad o el miedo, que se desparraman produciendo una gran confusión mental, seguidas luego de un nivel de actividad motriz ciertamente incrementado.

 

_ Celeste Cid había tenido internaciones previas por anorexia y consumo de alcohol, según se hizo público. ¿Es esto frecuente en nuestro medio?
_ Si, la anorexia es frecuente en laArgentina, estimándose en la actualidad que un 1 a 3 por ciento de las adolescentes y mujeres jóvenes la padecen en nuestro país (es diez veces menor la prevalencia en varones). De hecho, lamentablemente, la Argentina es el segundo país en el mundo con más casos de este severo padecimiento. De todas maneras, esto (como antecedente) no está vinculado de manera directa con la situación actual de la actriz, por lo que uno puede evaluar. No es posible trazar una línea recta entre la anorexia y las crisis de excitación psicomotriz, pero, de alguna manera, sí puede aportar datos sobre una cierta vulnerabilidad (psicobiológica), o información relevante para conocer las herramientas y puntos frágiles de una personalidad.
En cambio, sí hay una estrecha relación entre el consumo de sustancias y la agitación psicomotriz. Por cierto, en nuestro medio, y mucho más aún entre los jóvenes, el consumo de drogas es la causa más frecuente de este cuadro: vale aquí hablar de alcohol, marihuana, cocaína y otras sustancias.

 

_ Una persona que está en tratamiento, ¿puede de todos modos sufrir una crisis?­
_ En este tipo de esquemas, las oscilaciones en el estado de ánimo, angustias que alternan con euforias, enojos que se confunden con pasiones, son dominantes de toda la biografía. Creo que a Celeste Cid, como a cualquier otra persona, pudo sucederle esto incluso en un buen pasar de su vida. Por otro lado, los antecedentes conocidos de ella (tratamientos e internaciones previas) aportan mayor claridad en el episodio actual.

 

_ ¿Cree que los trastornos mentales cargan con un gran estigma? ¿Por qué?
_ Todavía nuestra sociedad no está preparada para entender el padecimiento mental. Todos sabemos comprender el dolor cuando una radiografía muestra un hueso quebrado. Nadie duda en que corresponde el reposo cuando una neumonía ataca el organismo. Pero no sucede lo mismo con los trastornos mentales: los rincones de la subjetividad no pueden ser evaluados con estudios de nuestra moderna medicina, haciéndose más difícil su reconocimiento, incluso para los familiares del padeciente o para el propio paciente. Aun cuesta entender, por ejemplo, que la voluntad es uno de los principales focos castigados en un cuadro depresivo. O que la adicción a una sustancia es una enfermedad, no una debilidad.
Sin embargo, la culpa de esta estigmatización está más cerca de los que trabajamos en salud mental que de la población en general: es nuestra responsabilidad poner el acento en la psicoeducación, siempre el primer paso para generar el cambio.

 

EL PORRO Y SU ACEPTACIÓN SOCIAL

 ¿Cómo reconoce una persona que tiene problemas de adicción y que éstos merecen una consulta profesional?

_ No es sencillo resolver en pocas líneas esta pregunta, pero vamos con algunas consideraciones, formuladas de manera directa (vale para el tabaco, alcohol, marihuana, cocaína u otra sustancia). Hay que preguntarse: ¿Hace mucho tiempo consume? Al empezar, ¿consideraba que esto sería pasajero y lleva hoy ya mucho tiempo haciéndolo? ¿Ha consumido en lugares o situaciones que podían poner en riesgo sus valores, cosas materiales o seres queridos? ¿Ha intentado dejar de consumir y no ha podido? A pesar de saber que le hace daño a su salud, ¿busca excusas para justificar lo que hace? Si encuentra muchas respuestas afirmativas, entonces seguramente puede ser importante consultar a un especialista.

_ Muchos jóvenes se fuman hoy un porro los fines de semana, o consumen cocaína cada tanto sin considerar que esto puede ser la puerta a un problema serio, ¿qué piensa?

_ Siguiendo el ejemplo de lo que le pasa a Celeste Cid: todos lo lamentamos e imaginamos cómo nos dolería si le sucede a alguien cercano, o a cualquier otra persona. Pero el sufrimiento trae siempre una enseñanza, y seguramente debemos tomar esta posibilidad: es tiempo de entender que no es tan inocente como hoy propone la cultura adolescente (y no adolescente también) el consumo de un porrito. Ni tampoco es cierto que consumir cocaína los fines de semana no hace nada. Nadie sabe cuál es su piso biológico, su predisposición genética o su vulnerabilidad psicológica. Estos son “datos” que están ocultos. Si en estos elementos encontramos una mezcla adecuada, entonces ese supuesto inocente consumo terminará mal. Lo veo en mi práctica profesional: adicciones difíciles de recuperar, secuelas para siempre, cuadros psicóticos, depresiones, trastornos de ansiedad, decenas de riesgos clínicos… Nadie puede decir “a mí no me va a pasar”; a veces, y esto es peor con ciertas sustancias, pasa inmediatamente después de un primer consumo, otras veces al mes o al año. Y algunas veces nunca. Pero como en una ruleta rusa, sin previo aviso, la bala puede matarnos a nosotros o a un ser querido.

Fuente > http://www.diariouno.com.ar

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