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Se pesifican los remates judiciales

Al comienzo del cepo cambiario, algunos jueces tasaban los departamentos en dólares, pero ante el fracaso de las subastas, ahora todos los magistrados decidieron pesificar el mercado de los remates. Hay una gran demanda de interesados por los departamentos en zonas bien ubicadas, como Palermo, Barrio Norte, Belgrano y Caballito. Es una de las pocas alternativas que hay para comprar un inmueble usado en moneda nacional, porque la mayoría de las operaciones siguen haciéndose en dólares

MARIANO GORODISCH Buenos Aires

En pleno limbo cambiario, en el mercado del real estate vernáculo aún es muy difícil encontrar a alguien que se anime a vender una propiedad usada en pesos. Ante este escenario, los remates inmobiliarios, donde ya se han pesificado todas las operaciones, se han convertido en una de las pocas alternativas para compradores con pesos en busca de oportunidades.
Al comienzo del cepo cambiario, algunos jueces tasaban los departamentos en dólares, pero ante el fracaso de las subastas, ahora todos los magistrados decidieron pesificar el mercado de los remates.
“Los jueces fueron prácticos: no podían poner una venta judicial en una moneda que es casi imposible de conseguir. Así que las subastas se han pesificado a la fuerza. Quienes tienen dólares, los venden en una cueva y van con pesos a los remates”, advierte Eduardo Saravia, vicepresidente primero de la Corporación de Rematadores y Corredores Inmobiliarios.
Esto generó una gran demanda de interesados por los departamentos en zonas bien ubicadas, como pueden ser los barrios de Recoleta, Palermo, Barrio Norte, Belgrano y Caballito.
Los preferidos por el público son los departamentos luminosos y que no sean de muy grandes dimensiones. También existe un enorme potencial de demanda por los campos agrícolas. Saravia aconseja elegir aquellas propiedades que se encuentren desocupadas. Si bien los inmuebles donde todavía vive gente se pueden conseguir más baratos, hay claro riesgo latente, con un inquilino que será desalojado y puede dañar la propiedad.
“Otro tema a tener en cuenta es la presencia de La Liga de Compradores, que provoca que muchos particulares vayan con temor hasta el salón de subastas judiciales”, advierte Saravia, quien viene reclamando que se realicen mayores controles para evitar que la gente vaya con miedo o que, directamente, no asista.
“En muchos casos, La Liga compra una propiedad a un precio bajo y luego la revende mucho más cara”, explica el directivo, al referirse al accionar de este grupo integrado por más de 300 personas, todas vinculadas con estudios inmobiliarios que, por lo general, recurren a la presión y a las amenazas con el fin de eliminar la competencia en los remates.
De hecho, una frase típica es: “Hay que arreglar con La Liga”. Para entenderlo, basta un ejemplo: un particular le dice a un miembro de la agrupación que está dispuesto a pagar hasta $ 600.000 por una casa. Ellos la sacan en $ 500.000 y se quedan con la diferencia.
Hay que tener en cuenta que los remates inmobiliarios, ya sea de vivienda, comercial, o industrial, se realizan sólo los martes, miércoles y jueves, ya que los lunes los jefes de la oficina de subastas descansan, mientras que los viernes no se llevan a cabo remates de propiedades, sino sólo bienes muebles, como rodados o buques, por ejemplo.
Claro que no todas las subastas llegan a buen puerto: fracasan los inmuebles que son difíciles de “carsarlos”, como se llama en la jerga a conseguir un comprador.

Fuente > http://www.cronista.com

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