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Exhumaron restos de Neruda para constatar su muerte

Buscan certificar si el fallecimiento del poeta chileno, en 1973, fue debido a un cáncer que sufría o si fue asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet. El ex chofer del Premio Nobel de Literatura confesó sospechas sobre la forma en que murió. Tardó casi 40 años en hablar porque “nadie en Chile quería tomar esta denuncia”.

Peritos del Servicio Médico Legal (SML) concretaron este lunes por la mañana la exhumación de los restos del poeta chileno Pablo Neruda para constatar si su fallecimiento, el 23 de septiembre de 1973, fue debido al cáncer que padecía o si fue asesinado por la dictadura instalada pocos días antes en el país.

El retiro de los restos se realizó en la casa-museo del Premio Nobel de Literatura en Isla Negra, localidad situada en el litoral central de Chile, provincia de San Antonio, de la comuna de El Quisco.

Según fuentes oficiales el ataúd del poeta estaba en perfecto estado, aunque se temía lo contrario por el efecto de la humedad y el salitre del mar, ya que tanto su féretro como el de su esposa, Matilde Urrutia, estaban protegidos por paredes de concreto.

Los trabajos comenzaron a las 8.15, en presencia del juez Mario Carroza; peritos chilenos e internacionales; el abogado de derechos humanos Eduardo Contreras; el diputado y presidente del Partido Comunista (agrupación querellante) Guillermo Teillier; familiares del poeta y su ex chofer Manuel Araya.

Según la versión oficial, Pablo Neruda falleció de un cáncer de próstata, aunque Araya sembró la duda cuando el 2011 declaró a un medio mexicano que Neruda murió por una inyección letal que le aplicaron mientras estaba internado en la Clínica Santa María de Santiago de Chile, días antes de partir hacia México, donde pensaba exiliarse tras al golpe comandado por Augusto Pinochet.

Guillermo Teillier, añadió que “tras 40 años la justicia es quien tendrá que investigar a fondo. Ahora, sabemos indudablemente, que si hubiera algún culpable, no hay para que nombrarlo”, refiriéndose a Pinochet.

El abogado Contreras destacó que “estamos contentos de que se haya hecho la exhumación, porque ningún tribunal hubiese considerado nuestra querella si no existieran claras y legítimas dudas de que hubo intervención de terceros en la muerte de Neruda”.

Por su parte, el juez Carroza afirmó que “hay que estar tranquilos ya que se harán todas las pericias que sean necesarias para establecer la causa de la muerte”, incluso aclaró que de ser necesario se enviarán los restos del poeta al extranjero para un mejor resultado.

El director del Servicio Médico Legal (SLM), Patricio Bustos, recalcó que se cumplió con todas las medidas establecidas para el caso con el fin de evitar que haya alguna clase de contaminación o alteración en los resultados de los análisis, además de contar con la presencia de los familiares quienes fueron testigos de la comprobación de identidad y procedimiento en general.

Terminadas las labores pertinentes de los peritos, los familiares del Premio Nobel de Literatura 1971, cuyo verdadero nombre era Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, se mostraron tranquilos y expectantes a los resultados que arrojen los estudios.

Paola Reyes, sobrina del poeta, admitió que “el envenenamiento siempre fue tema familiar, pero durante la dictadura nadie de la familia quería decir que eran parientes, o sea durante mucho tiempo fue tema tabú”.

Por su parte, Manuel Araya, ex chofer del poeta, relató que sus sospechas se basan en que el 23 de septiembre de 1973 “Neruda llegó a Isla Negra con una fiebre enorme, tras ir a la clínica y dijo que le habían puesto una inyección en el estómago y que se sentía muy mal”.

Al consultarle porque tardó casi 40 años en hacer públicas sus sospechas sobre la muerte del poeta, expresó que “nadie en Chile quería tomar esta denuncia, ni los gobiernos de la concertación”.

“Lo principal es que había que investigar esta muerte a fondo, porque hay tantos crímenes en Chile que aún no se investigan, pero el de Pablo Neruda será una lección para el resto del país, para que todos los que tenemos seres queridos que son detenidos desaparecidos, con más fuerza, podamos reclamar y exigirle a la justicia chilena que tiene que actuar, porque si actuó con Neruda, tiene que actuar con el resto”, expresó Araya.

A la sospecha de muerte por envenenamiento, se suman las contradicciones entre la prensa de la época y el certificado de defunción de la clínica, según la cual la muerte habría sido a causa de una caquexia producto del cáncer a la próstata, pero las versiones de prensa hablaban de un infarto provocado por un calmante que le inyectaron.

La caquexia es una condición de extrema desnutrición y fatiga, en las que apenas se puede estar lúcido, pero quienes vieron a Neruda en sus últimos días afirman no haber notado gran diferencia respecto a su contextura normal.

La serie de contradicciones y la declaración de Araya fueron fundamentales para que el juez Carroza tomara la determinación de ordenar la exhumación para constatar si hubo intervención de terceros en la muerte del poeta chileno y si hay presencia de sustancias químicas en su cuerpo.

El poeta nació en Parral el 12 de julio de 1904. Fue senador, miembro del Comité Central del Partido Comunista, precandidato a la presidencia de su país y embajador en Francia. Entre sus más grandes logros, resaltan el Premio Nobel de Literatura y un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Oxford.

El 11 de diciembre de 1992, Neruda y su esposa, Matilde Urrutia, fueron exhumados y llevados para un velatorio ceremonial en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional. Al día siguiente cumplieron el deseo del poeta: que sus restos fuesen enterrados en su casa de Isla Negra.
Télam

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