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Secretos del romance de Macri y Carrió

Elisa Carrió abandonó el departamento de 152 metros cuadrados que ocupaba desde hacía años en la Avenida Santa Fe, un noveno piso con vista a la calle en el que vivió hasta su muerte la cantante “Lolita” Torres. Podría culpar a la inflación: el precio se fue por las nubes y ella dijo que ya no podía pagarlo. La diputada se mudó a una casa en Exaltación de la Cruz, en territorio bonaerense, a 82 kilómetros del centro porteño. A los pocos días de instalarse en su nuevo hogar, sonó el teléfono: era Mauricio Macri. El Presidente la invitaba a la Residencia de Olivos. Como siempre, los detalles de aquel encuentro no trascendieron. Pero altas fuentes del Gobierno contaron a Clarín que ese día discutieron fuerte. Carrió le dijo al Presidente que su trayectoria no podía permitir que quisiera designar dos jueces de la Corte Suprema por decreto.

Nadie sabe cuánto pudo haber influido en el espíritu de Macri aquella conversación. Pero quienes hoy escuchan a Carrió no pueden creer que se deshaga en elogios hacia él: “Es un presidente distinto. Escucha y retrocede si es necesario. Es impresionante. Esto no lo vi en los últimos 20 años en la Argentina”, dice. A Carrió le encantan esos “retrocesos” pero también los gestos de cortesía: Macri fue el único presidente en invitarla a Olivos. Ella diría después que es “un lugar horrible”, aunque eso es lo de menos a esta altura.

Los confidentes de Macri le adjudican solo a él el mérito de la seducción. En verdad, no solo a él: Juliana Awada ha tenido un rol central en la relación. Cuando algunos fines de semana almuerzan juntos en la quinta Los Abrojos –el imponente refugio que construyó Franco Macri en Malvinas Argentinas– a Carrió la tratan como a una reina. A ella le gusta que él siempre resalte su valentía para enfrentar la corrupción.

Sin embargo, ese tema abrió un surco entre ellos cuando Carrió denunció al presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, por enriquecimiento ilícito. El primer mandatario lo recibió días después en su despacho. “Mauricio tampoco se va a inmolar”, dicen sus asesores. Quienes hablan con Carrió dicen lo mismo: “Lilita no se va a tragar todos los sapos. Cuando algo le parezca indigerible lo va a decir”. Por ahora, los macristas dicen que “está jugando bien”, pero admiten que “es una bomba de tiempo”. Por lo pronto, hacen votos para que todo siga en paz y se ilusionan con que la diputada tenga “un papel clave en el Congreso” desde el 1 de marzo, cuando se inauguren las sesiones parlamentarias.

Carrió y Macri se ven más seguido de lo que muchos creen. No chatean, como le gustaría al conductor de Cambiemos. Carrió odia los mensajes y no sabe usar el Whatsapp. Se hablan de celular a celular. En general la llama él y a veces le cuesta engancharla. Carrió no tiene buena señal en Exaltación de la Cruz y además suele ser bastante despistada con el teléfono.

La última vez que se vieron, en la Casa Rosada, Carrió le contó que está trabajando para presentar 70 proyectos y 18 investigaciones por corrupción. “Muchas de ellas son de la provincia de Buenos Aires”, revelaron fuentes oficiales. Cerca de Macri están conmovidos por algunos casos de corrupción que comienzan a aparecer de la gestión anterior. Eso no solo lo ha hablado con Carrió. La que lo llama para contarle detalles es María Eugenia Vidal, la gobernadora. Está por verse qué actitud tomará el Gobierno nacional con esas sospechas. Carrió, sin dudas, pretende que el acelerador vaya hasta el fondo.

“Me gusta porque es ingeniero –suele decir Carrió en conversaciones reservadas–. No es como los políticos que se la pasan hablando pavadas y no hacen nada”. Hoy, hace exactamente 365 días, ambos sorprendían en las redes sociales con el anuncio de que iban a competir en una interna. Se verá cuántos aniversarios celebran.

Fuente: http://www.clarin.com/politica/carrio-macri-romance_0_1514248586.html

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