Comportamientos insoportables del público rockero

Comportamientos insoportables del público rockero

Desde el inicio de los tiempos, ir a un show implica lidiar con una serie de personajes con conductas que no son precisamente tolerables. Adaptarse a los códigos de convivencia rockera socialmente instaurados parece no representar un esfuerzo generalizado. Y no sólo están los violentos ni los sacados que no paran de pedir a los gritos el hit histórico de la banda: últimamente, el comportamiento -tedioso- más común está relacionado con la necesidad de registrarlo todo y de compartirlo virtualmente. ¿Cuánto puede disfrutar una persona que ve TODO el recital a través de su iPhone? Estas y otras cuestiones nos planteamos en este listado con diez acciones insoportables que, en mayor o menor medida, tenemos que padecer en cada show.

1. Los que filman o graban todo el show. O no paran de sacar fotos. Como decíamos, últimamente el imperio dospuntocerista profundizó una tendencia relacionada con la necesidad de registrarlo todo a cada minuto. El hecho de tener enfrente a un sujeto sosteniendo su iPhone, cámara o dispositivo móvil que sea durante la totalidad del recital no es placentero. Menos teniendo que vivir con la idea de que el tipo se está perdiendo todo lo que pasa sobre el escenario y que esas fotos y videos seguramente se vean para la mierda.

2. Los que exigen el hit. ¡»Destrucción»! Este tipo de comportamiento es tolerable en la medida que no sea abusivo. Pedilo una vez, está bien, pero no te pases todo el show gritándolo. En este apartado también puede ubicarse el llamado  «el careta que no sabe qué fue a ver», un personaje odiado por tan sólo conocer los éxitos de la banda en cuestión. Lo que también nos conduce hacia el escabroso terreno del resentimiento por la división del campo en VIP, donde se cree que la presencia de estos sujetos es superior.

3. Las que se suben a los hombros. Personaje egoísta por excelencia, la mina que quiere verlo todo sin considerar que está perturbándole el disfrute a un puñado de infelices al azar que quedaron con la visión bloqueada por su culo elevado en el aire. Fuerte.

4. Los que a toda costa se quieren abrir camino. En las antípodas del pobre que llegó a las dos de la tarde y se mantiene estoicamente aferrado a la valla, este sujeto utiliza la violencia física para estar cerca del escenario. Su fin es comprensible pero sus medios a veces son extremos; están directa y proporcionalmente relacionados con el consumo de sustancias previo o en simultáneo al show.

5. Los que hablan. Están los que hacen comentarios vinculados al artista, a los temas tocados, a los modelos de instrumentos, los que cuentan anécdotas históricas de la banda, los que describen minuciosamente lo que pasa sobre el escenario a sus compañeros de emociones y los que traducen o repiten cada palabra mencionada por el frontman en cuestión. Están estos y también están los mucho más condenables que hablan sobre cualquier otra cosa en absoluto relacionada con la música: para qué pagar una entrada si podés tomarte una birra en un bar. Respect.

6. Los Robertos Quenedis. Hay que estar preparado para encontrarse con individuos que cantan a los gritos todos y cada uno de los temas del listado, está bien, porque ese disfrute apasionado es parte del pacto tácito. Pero cuando el canto viene por fonética (o en un inglés de mierda, como el de Roberto) o cuando el conocimiento de las letras no es demasiado preciso, entonces la cuestión se torna más que densa.

7. Los que tiran cosas al escenario. Los ositos y remeras y flores y cartitas de amor no molestan; el problema son los objetos contundentes. Ya en la zona del vandalismo y en un arrojo que lamentablemente no puede ser anticipado por los controles de seguridad, por suerte no con mucha frecuencia pero pasa, pasa. Y Axl Rose puede dar fe.

8. Los que tuitean o chequean sus mails o lo que sea todo el tiempo. Directamente relacionado con el punto número uno. La tecnología y el reinado de las redes sociales atentan contra la convivencia pacífica de la audiencia. Más allá de que, una vez más, el tipo que se la pasa con el teléfono en la mano es incapaz de vivir la experiencia en su totalidad, especialmente en los lugares cerrados, es insufrible tener la luz de una pantalla adherida a la retina durante todo el show.

9. Los que piden «abajo». Esta es fija de los teatros o estadios con butacas. Cuando el show llega a ese punto máximo en el que estar sentado no se justifica y la música y las sensaciones del momento obligan a la platea a levantarse en sincronía, siempre hay un desubicado desfasado que no lo siente necesario. Y no sólo eso, si no que pretende que el lugar entero se adapte.

10. Los que gritan las respuestas a las preguntas/apreciaciones del músico. «Recuerdo la primera vez que vinimos, hace seis años», dice Vedder, emocionado. «Yo estuve ahí, Eddie, fui las dos fechas, papá, groso», se escucha desde abajo. A nadie le importa, capo.

Fuente > http://www.rollingstone.com.ar

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