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El buque Golovnin viaja a la base Orcadas para abastecer a las estaciones argentinas

Con una velocidad cercana a los 12 nudos (casi 24 kilómetros por hora) el barco de casi 150 metros de eslora navegó sin sobresaltos frente a la costa de Uruguay con las siluetas de una Montevideo cubierta por nubes como fondo. Desde ese punto en adelante, difícilmente el Golovnin vuelva a ver tierra hasta su arribo a la base Orcadas, ubicada a 60 grados de latitud sur, la puerta de ingreso al continente blanco. Mientras tanto, los argentinos esperan el momento de su trabajo (que se desarrollará especialmente cuando se realice la descarga de los suministros) con particular inquietud. Al tiempo que algunos aprovecharon la cercanía con Montevideo para intentar realizar una última comunicación con sus familias antes de un “silencio” de casi 7 días, fueron habituales las rondas de mate entre los efectivos y abundaron las anécdotas entre quienes ya son veteranos en viajes antárticos. No son pocos los que celebran la presencia de cocineros argentinos en el Golovnin, esperando por la posibilidad de pizza o carne asada y recordando los anteriores viajes donde la dieta rusa (que incluye mucho pescado, ajo y repollo) marcó a fuego a los navegantes. Por otra parte, la tripulación recibió una charla de seguridad brindada por los responsables rusos de la navegación, quienes reiteradamente señalaron la necesidad minimizar riesgos, sobre todo por la cantidad de combustible que este buque lleva para aprovisionar a las bases. “Intentaremos que este viaje sea lo más confortable posible”, destacó un oficial ruso a través de la interprete que acompaña a la tripulación. También habló el capitán Marcelo Tarapow que hizo saber que el personal a su cargo tiene prohibida la ingesta de bebidas alcohólicas y pidió cuidar el agua potable. A bordo del buque, que tiene casi 15.000 toneladas entre el peso propio y la carga, también viaja personal científico-médico de la Dirección Nacional del Antártico (DNA) que realizará tareas de “vigilancia epidemiológica” del virus de la influenza en pingüinos y elefantes marinos, y detectar posibles mutaciones que puedan desencadenar en una pandemia de gripe similar a la conocida como “gripe aviar”. El equipo, entre otras tareas, completará el trabajo que ya se está realizando para extraer muestras que permitan el análisis del virus en animales antárticos. La doctora Ana Zimerman explicó a Télam que la “vigilancia epidemiológica del virus de influenza” se realiza porque se han encontrado muestras positivas en colonias de pingüinos y de elefantes marinos. “Se puede decir que es el mismo virus que el nuestro y que a ellos no les hace nada. Pero queremos saber si hay algún espacio para la mutación, porque pueden generar una pandemia como la gripe porcina”, explicó. El trabajo que se realiza en conjunto con la Facultad de Veterinaria de La Universidad de La Plata y el Instituto Malbrán tiene, también, vinculación con la aplicación concreta en medicina humana, ya que “la rama biomolecular del virus que se encuentre sirve para el pool de vacunas del año que viene”. El viaje de Golovnin es un punto saliente en la Campaña Antártica de Verano que impulsa el Ministerio de Defensa para mantener la soberanía en las seis bases con actividad constante (Orcadas, Marambio, Carlini, Esperanza, San Martín y Belgrano II) y las que tienen actividad temporaria (Brown, Matienzo, Primavera, Cámara, Melchior, Petrel y Decepción).

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