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El presidente filipino ordenó asesinatos de rivales

El presidente filipino ordenó asesinatos de rivales

El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ordenó atentados y el asesinato de adversarios políticos cuando era alcalde de Davao, en el sur del país, denunció este jueves un sicario arrepentido en una comisión de investigación del Senado. Según Edgar Matobato, un supuesto ex miembro de un escuadrón de la muerte compuesto por policías y militares, el mandatario ordenó el secuestro y asesinato de cuatro seguidores del candidato rival a la alcaldía de Davao, Prospero Nograles. “El alcalde Duterte (y Nograles) eran rivales, así que Duterte hizo que secuestráramos a la gente de Nograles”, afirmó Matobato ante la comisión que investiga la violenta campaña contra las drogas que el presidente inició hace dos meses. “Los llevamos al (complejo turístico) de Island Garden City de Samal. Los pusimos sobre la arena y los estrangulamos. Les abrimos las tripas y luego cargamos sus cuerpos en un barco”, explicó el testigo, que aseguró que echaron los cadáveres al mar atados a varios bloques. Matobato reveló asimismo que el mandatario filipino les pidió en otra ocasión que atentaran contra una mezquita en Davao y mataran a musulmanes, después de la explosión de una bomba en la Catedral de la ciudad. “Duterte dio la orden de matar a musulmanes en la mezquita”, agregó en declaraciones que reproduce la agencia EFE. Senators grill alleged Duterte hitman https://t.co/sDo55hwVGt pic.twitter.com/HRSSTjpqdK — CNN Philippines (@cnnphilippines) 15 de septiembre de 2016 El testigo también aseguró que el presidente filipino ordenó el asesinato del locutor de radio Jun Pala, crítico con la gestión de Duterte en Davao y que murió en 2003 tras recibir varios disparos de dos hombres que iban en una motocicleta. Duterte fue acusado en varias ocasiones de estar detrás de los “Escuadrones de la Muerte” de Davao, que, según algunas organizaciones, son los responsables de la muerte de más de un millar de personas. El propio Duterte ha presumido en numerosas ocasiones de matar a criminales en su ciudad como un método “muy efectivo” para reducir la tasa de delincuencia, situada en una de las más altas del país cuando llegó a la alcaldía en 1988. Casi 3.500 supuestos narcotraficantes y drogadictos murieron desde que empezó a gobernar, cerca de 1.500 en operaciones policiales y el resto a manos de grupos de “vigilantes” según las últimas cifras publicadas por la Policía. Más recientemente, el presidente filipino logró ser tapa de los medios internacionales al llamar “hijo de puta” a su homólogo estadounidense, Barack Obama, aunque luego aseguró que no fue un “ataque personal”.

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