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Hay que invertir los sueldos de 11 años de trabajo Para comprar una vivienda
Hay que invertir los sueldos de 11 años de trabajo Para comprar una vivienda

Hay que invertir los sueldos de 11 años de trabajo Para comprar una vivienda

El sueño de la casa propia se volvió en los últimos años más inalcanzable de lo que ya era. Al menos para la mayoría de los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires, donde los precios de las propiedades se dispararon y los salarios quedaron cada vez más retrasados. El efecto es que un trabajador porteño ya necesitaría más de 11 años de salarios para comprarse una vivienda chica, si es que pudiera destinar a esa inversión el 100% de lo que gana. La Dirección de Estadística y Censos de la Ciudad informó que el ingreso medio de los asalariados porteños es de $ 13.526 mensuales. El último relevamiento de la consultora Reporte Inmobiliario, en tanto, había hallado que los departamentos usados ya se venden en Capital a un promedio de US$ 1945,60 por metro cuadrado. Una suma que equivale a $ 30.351 al tipo de cambio actual. La cuenta es fácil de sacar. Un asalariado porteño que gana la media ya debería destinar un monto equivalente a 134,6 sueldos enteros para comprarse un departamento estándar de 60 m2. Una unidad de este tipo, que podría ser un tres ambientes no muy amplio, ronda los US$ 116.736 (o $ 1.821.082). Esos 11,2 años de trabajo suponen que la propiedad se adquiera en un barrio de valores promedio, como Caballito, Saavedra, Villa Devoto o Villa Pueyrredón. Pero la situación puede variar mucho en otras zonas. Por ejemplo, para acceder a una vivienda de esa superficie en Pompeya, un trabajador necesita US$ 96.000: 110,7 sueldos medios o 9,2 años de ingreso. Y si pretende comprarla en Palermo, los US$ 157.800 que valen en promedio los 60 m2 ya le representan 182 sueldos: 15,2 años de salarios. ¿Cómo era la situación antes? Si los valores en dólares de hace 12 meses se calculan al tipo de cambio “blue” de entonces ($ 16), la conclusión sería que la situación mejoró: se pasó de 14,3 años de sueldo a 11,2. Pero si el panorama actual se compara con el de hace cinco años, el retroceso impresiona. En 2011, antes de que se impusiera el “cepo cambiario”, bastaban 106,8 salarios medios para comprar el departamento, casi 28 menos que ahora. En total, se necesitaban unos 8,9 años de trabajo completos. ¿Qué pasó desde entonces? Por un lado, el valor de las propiedades creció un 20% en dólares: el metro cuadrado promedio pasó de US$ 1.616,90 en 2011 a los US$ 1.945,60 actuales. Frente a eso, el ingreso de los asalariados porteños, afectado por la alta inflación y las devaluaciones, sólo se incrementó un 5,3% en dólares en igual período. Con lo cual, los inmuebles aumentaron el cuádruple que los sueldos. “El asalariado perdió poder de compra inmobiliario”, resume José Rozados, presidente de Reporte Inmobiliario. “En países con buen nivel de acceso a la vivienda, el esfuerzo salarial para acceder a una propiedad de 60 m2 ronda los ocho años. Acá nos encontramos muy por encima de eso”, compara. “Pero además –agrega–, en países desarrollados hay créditos hipotecarios que le permiten a quien cobra un salario medio endeudarse para acceder a esa casa. En la Argentina, aunque empezó a haber avances, eso todavía resulta muy difícil.” De hecho, según la medición oficial, una familia porteña está ganando sólo $ 22.227 al mes en promedio. Con ese ingreso, si lo tuviera 100% “en blanco” y pidiera el más accesible de los créditos, uno nominado en Unidades de Valor Adquisitivo (UVA) atadas a la inflación, ese grupo familiar sólo podría pagar cuotas hipotecarias de hasta $ 5.557 (25% del ingreso) en la mayoría de los bancos, o de hasta $ 6.668 en las pocas entidades que permiten una relación del 30%. Una cuota inicial así, a su vez, sólo permite aspirar a un préstamo de $ 800.000 a 15 a 20 años para comprar una propiedad de al menos $ 1.067.000. ¿Qué se consigue por ese dinero? No más que un monoambiente de 35 m2 en un barrio promedio, demasiado chico para una familia. O, a lo sumo, apretados 45 m2 en un barrio de los más económicos, como Constitución. Así, con las UVA, los que tienen ingresos medio-altos volvieron a tener una opción que había desaparecido e

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