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La historia de glamour, narcotráfico y muerte que acecha a LOCOMÍA

Se codearon con el jet set en Ibiza, impusieron un estilo y llegaron a vender millones de discos en Latinoamérica, pero la boy band española más kitsch no puede escapar de un destino fatal que se cobró la vida de dos de sus integrantes en un mes.

Después del destape con epicentro en Madrid, posterior a que Pedro Almodóvar expusiera el cine español en el mundo con títulos como ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, habiendo dejado atrás los duros años del franquismo y en la vereda de enfrente del mundillo punk que asomaba con fuerza desde el País Vasco, un grupo de jóvenes extravagantes empezó a dar que hablar en las discotecas de Ibiza. Eran los chicos de Locomía.

La isla del Mediterráneo cuyo deporte oficial es la fiesta, fue el caldo de cultivo ideal para que se engendrase la boy band más barroca y bizarra del siglo XX. Xavier Font puso la piedra fundamental de la marca que nació como un grupo de amigos que bailaban a fines de la década del 80 en la discoteca Ku (hoy Privilege), considerada por muchos como “la más importante del mundo”. Ser parte del atractivo del lugar era una cucarda en el ambiente del show business de aquel entonces, y Font lo supo aprovechar.

En una entrevista con el Periódico de Ibiza, Antoni Riera Campos, decorador y estilista de la disco, recordó: “Era maravilloso verles bailar a los Locomía. Todos los días la piscina estaba abierta y a partir de una hora, sobre las 5 de la madrugada, todo el mundo se bañaba. En medio de la piscina había una pasarela con una fuente que de vez en cuando se encendía, y los que estaban bailando allí se mojaban. También recuerdo que de una de las terrazas se iniciaba un gran tobogán que acababa en la piscina como la boca de un dragón por lo que te podías tirar desde la terraza y acabar en la piscina. Era tan divertido como espectacular”.

De esas noches y días de marcha poco queda para Font y su pandilla. Con un mes de diferencia fallecieron dos de los integrantes de Locomía: Santos Blanco y Frank Romero. Aunque nunca se cruzaron en un escenario ambos tenían 46 años, estaban aparentemente sanos y fueron parte del cuarteto en diferentes ocasiones. Su fundador es tan solo una sombra, arrastrando problemas judiciales. Los demás, se han llamado a silencio. ¿Fue muy corto el glamour y demasiado largo el olvido?

Como una historia de amor de verano, de esas cortitas que dejan marca, todo en Locomía parece exprés y fruto de la casualidad. El holandés Gard Passchier, quien fue parte de la primera formación, es el responsable del nombre. “A Gard le preguntaron por qué llevábamos esos abanicos tan grandes y él quiso responder que era ’una locura mía’, pero como no
dominaba la gramática española, dijo que era una ’locomía’. A todos nos encantó el nombre”, contó Font en una entrevista.

Ellos ya estaban lookeados, tenían algunas coreografías y un nombre. Lo que no sabían era cantar. Ni falta que les hizo para conquistar a una de las voces más importantes de la historia de la música: Freddie Mercury se fascinó con su estilo. Los vio bailar en Ku y enloqueció con sus prendas. Dicen que fue al otro día al local de Xavier, donde vendía esos diseños new renacentistas y compró dos chaquetas. El diseñador se las cobró, pero le regaló un par de zapatos. No supieron nada más del cantante de Queen hasta que tiempo después vieron el video de “I’m Going Slightly Mad”, donde Freddie lleva puesto los puntiagudos calzados. Es uno de los últimos videos del grupo, ya que Mercury estaba muriendo a causa del SIDA.

Ese mismo verano se les acercó el productor musical José Luis Gil, que había quedado obnubilado al ver bailar al grupo en Ku. Por ese entonces los muchachos con abanicos y hombreras sumaban más de una docena, pero Gil habló directamente con Font, le propuso reducir el número y llevarlos a grabar un disco a Madrid. Dicen que se deshizo de los feos y los bajitos, y partió rumbo al estudio para llevar a cabo el experimento estilístico-musical.

“Parte de su éxito creo que se lo deben a haber llegado junto a la música que se escuchaba en aquel momento, el acid house. Al final de los 80, el productor jugaba con arreglos que encajaban con la corriente de aquel entonces. Además, ellos eran un grupo performance que nunca se había visto hasta ese momento, y encima no hacían humor, lo hacían completamente en serio, como un concepto”, le cuenta a Teleshow Valeria Vegas, periodista española especializada en espectáculos, quien escribe en Vanity Fair y publicó ¡Digo! Ni puta ni santa (biografía de la performer La Veneno) en 2016. Ella reconoce que “en España no se los llegó a tomar tan en serio como ellos pretendían o como ellos mismos se tomaban, tuvieron muchísimo más éxito en Latinoamérica”.

Ya sin Xavier Font al frente, llegó la formación más exitosa de Locomía a la Argentina. Después de la partida del fundador, ocupó su lugar Francesc Picas, que completaba el cuarteto con Manuel Arjona, Juan Antonio Fuentes y Carlos Armas. Juntos provocaban picos de rating en el Ritmo de la Noche de Marcelo Tinelli o en el living de Susana Giménez, allá por 1991. Más tarde, Juan Antonio era reemplazado por otro rubio, Santos Blanco. La que no cambiaba era Lurdes Iribar, amiga personal de Xavier Font y colaboradora en el diseño de los extravagantes ropajes de Locomía, quien además fue corista del grupo.

“Eran los 80 y si eras creativo… Nosotros hacíamos ropa con cualquier cosa: pendientes con un trozo de lámpara, un vestido con una cortina. Con Xavi éramos carne y uña, el concepto de vida que teníamos era ser como queríamos ser”, recordó Lurdes en el programa ¡Qué me estás contando! de la televisión vasca. Lurdes también dijo que se viene una nueva formación con cuatro chicos y que ella será de la partida, como vestuarista y asesora, pero lo cierto es que ya circula un staff que actúa de vez en cuando. Una de sus últimas presentaciones fue el pasado 7 de julio en el marco de los festejos madrileños por el Orgullo LGBT.

La pobre Lurdes fue durante años el blanco de muchas fanáticas que veían en ella a una competidora: creían que era la novia de alguno de los integrantes. Incluso cuando en Buenos Aires reventaron la capacidad de Bunker, la disco gay porteña más famosa, las chicas se la agarraban con la vestuarista. La sexualidad de los Locomía era todo un misterio: aunque se barajaba la posibilidad de que fueran gays, la ambigüedad formaba parte de su encanto.

“Ellos no hablaban abiertamente de su sexualidad, nada se refería a alguna condición sexual, ni sus gustos, y cuando las había era encubriendo su sexualidad. Hablaban de novias, o de que estaban solteros, o hablaban con mucha ambigüedad diciendo que se enamoraban de las personas sin importar el sexo. Según se supo tiempo después habría sido su manager quien no les permitía que fueran claros. En el mundo de la música pasó y pasa mucho, como en el caso de Ricky Martin, que estuvo 20 años vendiendo su heterosexualidad. En España se intuía que eran gays por algo tan prejuicioso como el vestuario, pero así la gente asociaba que eran homosexuales aun sin ellos declararlo”, recuerda Vegas.

En 1992 el grupo comandado por Gil quiso instalarse en Miami, pero a partir de allí todo fue caída libre. El manager se terminó peleando con el fundador, Xavier Font, y para 1993 llegaron a coexistir dos formaciones de Locomía. Nadie sabía cuál era la verdadera (a esta altura de los cambios, ninguna) y la marca empezó a palpitar el fracaso.

Aunque seguían sonando un poco en Latinoamérica, en su país natal empezaban a ser una sombra de ellos mismos. Desde España, Valeria Vegas repasa: “La formación se fue modificando mucho y ya no tenían cabida ni en televisión ni en radio. Al año ya habían salido unos componentes, al poco tiempo cambiaban otros, entonces cuando tú veías un póster del año 90, resulta que en el 91 dos habían cambiado y en el 93 ya no quedaba nadie, y así la gente dejó de asociar Locomía a una cara concreta, y ayudó a que se perdiese”.

Font y Gil no se cruzaron más que en los tribunales, pero el performer dejó trascender que llegaron a un acuerdo: el ex manager cobra los anuncios en los que se usan las canciones y él, en los que se explota la imagen y marca. A pesar de estos ingresos (que no deben haber sido muchos después del boom) Font terminó ganándose la vida de una manera fuera de cualquier marco legal.

En 2009, Xavier fue detenido por la Guardia Civil española, acusado de introducir, distribuir y vender éxtasis, Viagra falsificada y popper. El operativo se llamó “Abanico” y se inició cuando los investigadores descubrieron que a través de la página web de un sex shop virtual se ofertaba el inhalante denominado popper. Si bien el propietario de la web era de Alicante, Font desde Barcelona habría trabajado en la organización y después de un allanamiento descubrieron drogas en su casa. Él dijo que eran para consumo personal, luego que eran pequeñas cantidades para vender a los amigos, pero finalmente quedó implicado. En la actualidad poco se sabe de esa causa.

El 14 de junio pasado, el nombre Locomía volvió a sonar y por otro episodio trágico: a los 46 años de edad, Santos Blanco murió en Gijón. El segundo rubio del grupo había sido todo un enigma y su muerte lo fue aún más. El artista apareció muerto de la noche a la mañana en un albergue para indigentes, lo que despertó el morbo popular “de príncipe a mendigo”. Lo cierto que es Santos trabajaba allí, y fue la vestuarista Lurdes Iribar quien echó luz en la tevé vasca: “Yo con Santos no tenía contacto desde hace años porque ingresó en un convento y estaba un poco alejado. Apareció en el albergue no porque estuviera en la calle, sino porque era enfermero”.

Un mes después, el 16 de julio, Frank Romero, integrante de una segunda etapa de Locomía (estuvo en el disco Party Time de 1992) también falleció a la misma edad, 46 años, de manera sorpresiva. Al parecer fue una bacteria la causa de su muerte, pero no se amplió mucho más la información. “Lo de Frank también fue impactante aunque ellos no coincidieron en la misma formación”, dijo Lurdes, que también llevaba tiempo sin hablar con Frank.

“En cuanto a performance y juego de vestuario, y lo que fue la irrupción en la sociedad como fenómeno, yo los podría comparar con Village People, aunque no creo que fuese su intención. Han pasado décadas y la gente asocia Village People a una imagen; a Locomía le ocurre lo mismo. A finales de los 80 ellos tenían montadas unas coreografías que nadie hacía, salvo algunas cantantes femeninas, y no ha vuelto a haber un grupo así, con una estética tan arriesgada y con un tipo de baile que fuese tan novedoso”, destaca Valeria Vegas.

Con Font como alma máter y una nueva productora, Locomía sigue moviendo sus abanicos al son de esos ritmos bailables y repetitivos que los hicieron famosos, en la piel de cuatro nuevos jovencitos. Y aunque en un momento comenzaron a mostrar más músculos y optaron por una estética como de gladiador romano (Imperium, 2013), han vuelto a los colores primarios y al estilo clásico. Las playas de Ibiza se llenaron de jugadores de fútbol junto a sus familias y Ku tiene otro nombre, pero el verano europeo los vuelve a encontrar envueltos en terciopelo y peinados con gel, listos para la marcha y sonrientes, como si nada malo pudiera pasarles de ahora en adelante.
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