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Peppe Voltarelli, la reflexión permanente sobre la pertenencia

Voltarelli, con dos discos editados en el país por el sello Los Años Luz (“Distratto ma pero” en 2007, y “Ultima notte a Mala Strana” en 2010), presenta su nueva producción, “Lamentarsi como ipotesi” (2014), con dos shows que se realizarán mañana y el jueves 25 en Café Vinilo (Gorriti 3780) a las 21 y el sábado 20 en la sala Lavardén de la ciudad de Rosario. “En estos momentos estoy haciendo un trabajo, que podría llamar ‘antropológico’, sobre mi pertenencia, sobre el sentido de hacer música popular y sobre la decisión de escribir en dialecto”, cuenta Voltarelli en charla con Télam, y aclara que dos canciones de las de su último disco están en calabrés. Esta idea se acompaña con la decisión de “de tocar en pequeños pueblos, no pensar solo en las grandes ciudades sino en los pueblitos, en la provincia, en lugares donde uno descubre interés, curiosidad, ganas de hacer cosas, un poco a contramano de la indicación filosófica dominante que dice ‘vamos a ganar dinero’ “. “Esto -continúa- en un sentido es duro porque el dinero te da la posibilidad de financiar giras, hacer viajes, producir discos y todo eso, pero con esta inversión se consiguen otras cosas: se consiguen relaciones con personas, se consigue una red de colaboraciones, de solidaridad que es muy fuerte y tiene gran valor constructivo”. Cantante, guitarrista y acordeonista, además de compositor y actor con varias películas y obras teatrales registradas, Voltarelli se inició en la tarantela punk con el grupo Il Parto della Nuvole Pesanti, con el que editó siete discos. “El rock era necesario como oposición juvenil -dice-, pero después entendí la importancia del blues propio, del country calabrés; en un momento de la vida tienes que preguntarte de dónde vienes, hay un momento en que debes pasar revista y hacer las cuentas con tu historia”. “Este cambio -agrega Voltarelli- es como una madurez de mirada no solo musical; cuando uno es joven ve la música como una posibilidad de éxito, de riqueza y de no trabajar pero eso no es verdad porque la música es un gran trabajo”, señala y nombra a grandes cancionistas de la música italiana como Sergio Endrigo, Domenico Modugno, Fabrizio de André, Lucio Dalla. “Son todos ejemplos -aclara- de cantautores muy prolíficos, que escribieron canciones más bellas o menos bellas pero que siempre fueron muy productivos y tuvieron la decisión de estar presentes en la historia del cotidiano de la gente”. La reflexión y continuación de la producción de los cantautores italianos de las décadas del 50 y 60 que de algún modo realiza Voltarelli no es acartonada, ni clásica o académica, sino irónica, lúdica, espontánea, muy personal y situada en las coordenadas del presente.

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