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Perú y una elección que pone a prueba a todo el sistema político

Por Leandro Querido (*) En América Latina es extraño que un partido de gobierno que debe enfrentar una elección en un contexto sin crisis económica la pierda. Aún más extraño es que tal partido no obtenga ni una sola banca en el Congreso y deba bajar inclusive la candidatura de su candidato. En Perú pasó todo eso. El partido del actual presidente Ollanta Humala no obtuvo ninguna banca entre los 130 lugares a disposición y cómo si fuera poco también debió bajar la candidatura de Daniel Urresti, el candidato del oficialista partido Nacionalista. Esos espacios fueron ocupados por otras alternativas. El fujimorismo, por ejemplo. Keiko Fujimori fundó en 2011 el partido Fuerza Popular, el único de alcance realmente nacional. El APRA y Acción Popular también la tienen, aunque hay distritos en donde no se muestran competitivos. Los partidos de “vientre de alquiler”, como se los denomina allí, son la regla del sistema de partidos. Los ejemplos sobran: las candidaturas fallidas de Julio Guzmán y César Acuña así lo confirman. Inclusive Peruanos por el Kambio, el partido que acogió la candidatura de Pedro Pablo Kuczynski, también lo es. Los analistas políticos reclaman una ley electoral en donde se estimule la consagración de organizaciones partidarias fuertes. Este punto junto a otros forman parte no menores del debe pero Perú tiene un haber que debe ponderarse, sobre todo si lo analizamos en un contexto regional caracterizado por el retroceso de la calidad electoral. En Perú hay libertad de expresión, alternancia en el poder y autoridades electorales idóneas e independientes. Pero por sobre todas las cosas este país tiene un sistema electoral que incluye en su funcionamiento competitivo a expresiones de derecha, de centro y de izquierda. Esto último es fundamental y deja en evidencia el déficit regional que hay al respecto con el negativo liderazgo de Venezuela. Los resultados del domingo 5 de junio desafían nuevamente al sistema electoral que hemos descripto. Una exigua diferencia a favor de Kuczynski por sobre Keiko pone a prueba a todos a corto plazo: partidos políticos, candidatos, electores y autoridades electorales deberán mostrarse a la altura de las complejas circunstancias. 40 mil votos de diferencia sobre un registro electoral de 23 millones de electores ponen a prueba a todo y a todos. A mediano plazo también se presentan desafíos. Si Kuczynski gana tendrá que lidiar con una Asamblea en manos de otras fuerzas políticas. El poder lo tendrá su contrincante. Fuerza Popular tiene mayoría propia, 73 sobre 130. La izquierda del Frente Amplio, cuya “lideresa” Veronika Mendoza tanto hizo por la remontada de Kuczynski, entre primera y segunda vuelta, es el bloque que le sigue con unos 20 diputados. Recién después aparece el bloque del que podría ser el ganador del domingo, Pedro Pablo Kuczynski, con unos escasos 18 legisladores. Además de las diferentes cuestiones que deberá atender la agenda del próximo gobierno se encuentra la reforma electoral, que no está de más aclarar que deberá surgir de esta singular composición legislativa. Este es el futuro político inmediato del Perú que es moldeado por las consecuencias que ha dejado un proceso electoral altamente polarizado. Hasta el momento el sistema político ha superado muchos obstáculos, cómo por ejemplo los que se presentaron con una ley electoral sancionada a poco de realizarse la elección y con las exclusiones de dos candidatos. Resta saber cómo afrontará los que vienen, que por lo planteado en este artículo no resultan nada simples. (*) Politólogo especializado en observación electoral y director ejecutivo de la Ong Transparencia Electoral.

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